sábado, 21 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD Y UN PROSPERO AÑO NUEVO 2014

IV DOMINGO DE ADVIENTO A (22 de diciembre del 2013)

Evangelio según San Mateo 1,18-24.

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros». Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Queridos amigos en el Señor Paz y bien.

 La Encarnación de Jesús no estuvo carente de problemas y dificultades humanas. A nosotros todo nos parece todo fácil. El Ángel anuncia a María. María acepta, pero ahora vienen los líos con José su esposo. Sorpresivamente, José se da cuenta de que María está embarazada, es consciente que él no ha convivido con ella. Por lógica humana uno solo puede pensar en un adulterio, José no quiere pensar eso de María, la conoce muy bien, pero tampoco puede negar la realidad lo que sus ojos están viendo.

¿Se dan cuenta del problema que se ganó José?  ¿Quieren ustedes ponerse en una situación similar? Ponte que tú como novio, estas en la víspera de contraer el matrimonio y que precisamente ahí te sorprendes que tu novia a quien tanto has amado te sale con el cuento que ya está embarazada y el hijo no es precisamente para ti. ¿Qué actitud tomarías como novio? O que tú como novia estas a punto de casarte y que tu novio en las vísperas te sale con el cuento que ya espera un hijo y no es contigo sino con tu amiga. ¿Irías aun en tales circunstancias alegremente al altar con tu pareja? Pues, José esta exactamente envuelto en este lío. “José, su esposo, que era un hombre justo no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto” (Mt 1,19).

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados” (Mt 1,20-21) ¿Cree alguien que es fácil entender y creer en ello cuando todos sabemos cómo se hacen los hijos y cómo vienen los hijos al mundo?

Sin embargo, José al igual que antes María: El Ángel le dijo: “No tengas miedo María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,31-35). Ahora José cree y se fía de la Palabra del Ángel (Mt 1,20-21). María creyó sin entender, José también cree sin entender nada. Aquí todo se mueve en el plano de la Palabra y de la fe en la Palabra de Dios.

¿Hoy, alguien cree ya en la Palabra? ¿Tú te fiarías de la palabra de tu esposa o de tu hija? Aquí no hay documentos firmados. No hay documentos notariales que atestigüen la veracidad de la palabra del Ángel; sin embargo, aquí hay dos testigos de fe: María y José que creyeron sin ver, creyeron en la Palabra de Dios, se fiaron de la Palabra de Dios sin exigir ni firmas ni pruebas. María dijo al Ángel: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). José obedeció a la palabra del Ángel y “se llevó a casa a su mujer” (Mt 1,24). Misterio de la palabra. Misterio de la fe. Creer fiándose sencillamente de la Palabra de Dios, eso no hace cualquiera sino obedece al poder de la fe como obra de Dios.

Hay una figura en la Navidad que solemos destacar relativamente poco, es la figura de José. Sí, le ponemos de rodillas delante del Niño y poquito más. Sin embargo, es una de las figuras centrales de la Navidad. Hay tres figuras que llenan todo el cuadro: El Niño, María y José, la sagrada familia. José era bien bueno, era todo un hombre de Dios, era todo un hombre de fe; sin embargo, pareciera que “Dios se la hizo”. ¿Se dan cuenta del lío en que le metió María? Mejor dicho, el lío en que le metió Dios.

La lógica humana buscaría que en la anunciación debieron estar presentes los dos tanto la Virgen como José y Dios se hubiera ahorrado líos. Pero el Ángel se le aparece solo a María, no a José. La Anunciación de la Encarnación es para María, y nadie cuenta y piensa en José. Pero la cosa no podía ocultarse por mucho tiempo. Hasta que, un día, percibe la realidad de su esposa María “embarazada”. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo entenderlo? ¿Qué hacer? Todo un momento de angustia, de dudas, de incertidumbres encontradas. Sería el momento de hacer el escándalo madre en Nazaret. ¡Qué talla de hombre! ¡Qué talla de alma! ¡Qué talla de fe! Pero el sufrimiento nadie se lo podía quitar. ¡Y vaya si era bueno! ¿Por qué le tenía que pasar esto a José? No resulta fácil pasar por esa prueba de fe por la que pasa José y guarda silencio. Todo lo medita en su ser interior.

Cuando el Ángel le revela la verdad de lo que ha sucedido, la mente de José se doblega. El corazón de José se aviva y la serenidad cubre la fama de María delante del pueblo. ¿Te imaginas a todas las mujeres de Nazaret viéndola a María como una adúltera? Pues, veamos una escena de adulterio:

“Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?». Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». Ella le respondió: “Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante” (Jn 8,3-11). José quiso evitar este escándalo para su esposa María por eso dice: “José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto” (Mt 1,19). Pero, Dios corrige a José: “Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados” (Mt 1,20-21).

Dios tiene una manera de hacer las cosas que desconcierta a cualquiera. La Navidad comenzó en Nazaret con todo un problema entre José y María. ¿Se merecían esto? Algo que no corre en nuestra lógica, pero corre maravillosamente en la lógica de la fe, que es la lógica de Dios. Los caminos de Dios nunca son fáciles, pero terminan siendo maravillosos. Ese es el camino de cada uno de nosotros hacia la Navidad. De la oscuridad de la fe, a la claridad de la fe.

San Pablo al respecto dice: “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo» ¡Abba!, es decir, ¡Padre! (Gal 4.4-6). O como el profeta dice: “Dios puso su morada entre los hombres” (Ez 37,27). O como mismo Juan dice. “La palabra de Dios se hizo hombre y habito entre nosotros” (Jn 1,14).

La encarnación del hijo de Dos es el despliegue del amor hacia nosotros y con razón dice San Juan: “Tanto amó Dios tanto al mundo, que envió a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,16). Escena que el profeta lo resume con una idea maravillosa: "Aquí la señal que Dios da: La Virgen está embarazada y da a luz un hijo y le, ponen el nombre de Enmanuel que significa Dios-con-nosotros" (Is 7,14). Lo que quiere decir que Él se hizo lo que nosotros somos porque esta con nosotros, y para que nosotros seamos lo que Él es.

EL PRIMER PESEBRE LO EDIFICÓ SAN FRANCISCO DE ASÍS EN 1223

                   
                        LA NAVIDAD DE GRECCIO
              CELEBRADA POR SAN FRANCISCO (1223)

                                    Relato de Tomás de Celano (1 Cel 84-87)

Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo Francisco tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.

Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.

El santo de Dios viste los ornamentos de diácono, pues lo era, y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras.

Se multiplicaban allí los dones del Omnipotente; un varón virtuoso tiene una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. No carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por su gracia, por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.

Se conserva el heno colocado sobre el pesebre, para que, como el Señor multiplicó su santa misericordia, por su medio se curen jumentos y otros animales. Y así sucedió en efecto: muchos animales de la región circunvecina que sufrían diversas enfermedades, comiendo de este heno, curaron de sus dolencias. Más aún, mujeres con partos largos y dolorosos, colocando encima de ellas un poco de heno, dan a luz felizmente. Y lo mismo acaece con personas de ambos sexos: con tal medio obtienen la curación de diversos males.

El lugar del pesebre fue luego consagrado en templo del Señor: en honor del beatísimo padre Francisco se construyó sobre el pesebre un altar y se dedicó una iglesia, para que, donde en otro tiempo los animales pacieron el pienso de paja, allí coman los hombres de continuo, para salud de su alma y de su cuerpo, la carne del Cordero inmaculado e incontaminado, Jesucristo, Señor nuestro, quien se nos dio a sí mismo con sumo e inefable amor y que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Aleluya.


PARA TI MI QUERIDO(A) AMIGO(A) DE ESTE MEDIO PERMÌTEME EXPRESARTE UN SALUDO FRANCISCANO DE PAZ Y BIEN POR ESTAS FIESTAS DE NAVIDAD. QUE EL NIÑO JESÚS DERRAME BENDICIONES EN TU FAMILIA. 
ATTE. TU AMIGO FR JULIO CH.



lunes, 8 de julio de 2013

ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA


Capítulo IX (VIDA PRIMERA DE TOMAS DE CELANO)

Cómo, cambiado el vestido, repara la iglesia de Santa María de la Porciúncula, y, oído el evangelio, deja todas las cosas y se confecciona el hábito para sí y sus hermanos

21. Entre tanto, el santo de Dios, cambiado su vestido exterior y restaurada la iglesia ya mencionada, marchó a otro lugar próximo a la ciudad de Asís; allí puso mano a la reedificación de otra iglesia muy deteriorada y semiderruida (38); de esta forma continuó en el empeño de sus principios hasta que dio cima a todo.

De allí pasó a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen Madre de Dios (39), construida en tiempos lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al contemplarla el varón de Dios en tal estado, movido a compasión, porque le hervía el corazón en devoción hacia la madre de toda bondad, decidió quedarse allí mismo.

Cuando acabó de reparar dicha iglesia, se encontraba ya en el tercer año de su conversión. En este período de su vida vestía un hábito como de ermitaño, sujeto con una correa; llevaba un bastón en la mano, y los pies calzados.

22. Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio (Lc 10,1-12.17-20) que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia (40), al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica».

Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído. Al punto desata el calzado de sus pies, echa por tierra el bastón y, gozoso con una túnica, se pone una cuerda en lugar de la correa. Desde este momento se prepara una túnica en forma de cruz para expulsar todas las ilusiones diabólicas; se la prepara muy áspera, para crucificar la carne con sus vicios y pecados; se la prepara, en fin, pobrísima y burda, tal que el mundo nunca pueda ambicionarla. Todo lo demás que había escuchado se esfuerza en realizarlo con la mayor diligencia y con suma reverencia. Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza (41).

LA TAU, CRUZ DEL POBRE DE ASIS

La Tau «T» es la última letra del alfabeto hebreo. Decimonona letra del alfabeto griego, que corresponde a la que en el nuestro se llama «te». Pero es también una señal o signo, todo un símbolo.

San Francisco profesaba una profunda devoción al signo Tau, del que habla expresamente el profeta Ezequiel (9,3-6) y al que se refiere implícitamente el Apocalipsis (7,2-4). Con ella firmaba cartas y marcaba paredes, y sanaba heridas y enfermedades. En el ánimo de Francisco pudieron influir el discurso con que Inocencio III abrió el Concilio IV de Letrán, la cruz en forma de tau que llevaban los monjes antonianos sobre el escapulario, la liturgia y el arte sagrado, etc. Para el Santo, la Tau, como la cruz cristiana, era signo de conversión y de penitencia, de elección y de protección por parte de Dios, de redención y de salvación en Cristo.

Desde hace algunos decenios, se ha revalorizado el uso de la Tau en la familia franciscana; se la ve frecuentemente en libros, revistas, cuadros, etc., y la llevan sobre sí, como signo distintivo, muchos hermanos y hermanas tanto de la Primera como de la Tercera Orden, sea ésta religiosa o seglar. Para profundizar en su significado recogemos algunos textos:

Tratado de los milagros, de Celano: «La señal de la Tau le era preferida sobre toda otra señal; con ella sellaba Francisco las cartas y marcaba las paredes de las pequeñas celdas» (3 Cel 3).

Leyenda Mayor, de S. Buenaventura: «El hermano Pacífico... mereció ver de nuevo en la frente de Francisco una gran Tau, que, adornada con variedad de colores, embellecía su rostro con admirable encanto. Se ha de notar que el Santo veneraba con gran afecto dicho signo: lo encomiaba frecuentemente en sus palabras y lo trazaba con su propia mano al pie de las breves cartas que escribía, como si todo su cuidado se cifrara en grabar el signo tau -según el dicho profético- sobre las frentes de los hombres que gimen y se duelen (Ez 9,4), convertidos de veras a Cristo Jesús» (LM 4,9).

Cf. 2 Cel 106; 3 Cel 3 y 159; LM Pról 2; LM Milagros 10, 6 y 7; Lm 2,9; Ll 2.

Ezequiel 9,3-6: «Yahvéh llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escribano a la cintura, y le dijo: "Recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una tau en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella". Y a los otros oí que les dijo: "Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis piedad, no perdonéis; matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta que no quede uno. Pero no toquéis a quien lleve la tau en la frente. Empezad por mi santuario"».

Apocalipsis 7,2-4: «Luego vi a otro ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: "No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios". Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel» (Cf. Ap 9,4).

Inocencio III en el Concilio IV de Letrán el año 1215: Después de describir la triste situación de los Santos Lugares hollados por los Sarracenos, el Pontífice lamentó los escándalos que desacreditaban el rebaño de Cristo y lo amenazó con los divinos castigos si no se enmendaba. Evocó la famosa visión de Ezequiel, cuando Yahvéh, agotada la paciencia, exclama con voz poderosa: «"Acercaos, vosotros que veláis sobre la ciudad; acercaos con el instrumento de exterminio en vuestras manos". Y he aquí que seis hombres llegaron con sendos azotes en sus manos. Entre ellos estaba un varón vestido de lino, con recado de escribir a la cintura. Y díjole Yahvéh: "Recorre Jerusalén, y señala con una TAU las frentes de los justos que se encuentren en ella". Y dijo a los otros cinco: "Recorred la ciudad tras él, y exterminad sin piedad a cuantos encontréis; mas no toquéis a ninguno que esté señalado con la TAU". "¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres conciliares, que, valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano: excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se obstinen en deshonrar la Cristiandad».- «En su discurso de Letrán, Inocencio III había señalado con el signo Tau a tres clases de predestinados: los que se alistaren en la cruzada; aquéllos que, impedidos de cruzarse, lucharen contra la herejía; finalmente, los pecadores que de veras se empeñaren en reformar su vida» (O. Englebert, Vida de S. Francisco de Asís. Santiago de Chile 1973, pp. 226 y 238).

El signo  «tau» en la Biblia

En medio del nombre de fray León, entre la «e» y la «o» se encuentra el trazo vertical de la letra tau, cuyas líneas transversales son más cortas y finas.

El signo tau, poco conocido en la actualidad, es de origen bíblico. En Ezequiel 9,3-4 Yahvéh le dice «al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escriba en la cintura» que marque con una taw la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las prácticas abominables que se cometen en Jerusalén. En hebreo antiguo la taw tenía forma de cruz, a la manera de nuestra «T» mayúscula. Era la última letra del alfabeto hebreo, y quienes no sabían escribir la usaban como firma (cf. Job 31,35). También era una señal protectora, como la «señal de Caín» (cf. Gén 4,15) y la sangre con que los israelitas untaron las jambas de sus puertas la noche de la liberación de Egipto (Ex 12,7).

El sentido vétero-testamentario de la letra hebrea taw pasó en el Nuevo Testamento a la letra griega tau. San Juan tiene una visión en la que escucha el mandato dado a los cuatro ángeles: «No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios». Los marcados con el sello fueron 144.000, de todas las tribus de Israel (Ap 7,2-8). Sólo podían dañar «a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios» (Ap 9,4). Aquí no se cita expresamente la tau ni la cruz, pero se las da por supuestas. En todo caso, siempre se entendió este pasaje relacionado con el de Ez 9. Los Padres de la Iglesia vieron en el signo tau con que fueron marcados los salvados una imagen de la cruz, signo de salvación. En esta línea de la tradición, san Buenaventura interpreta a la luz de Ez 9,4 y de Ap 7,2 la predilección de Francisco por la tau. Echando una mirada retrospectiva a la vida de Francisco, considera que su misión fue la de «llamar a los hombres al llanto y luto, a raparse y ceñirse de saco y a grabar en la frente de los que gimen y se duelen el signo tau, como expresión de la cruz de la penitencia y del hábito conformado a la misma cruz» (LM Pról 2b; cf. LM 4,9; Milagros 10,6-7).

La tradición de la «tau» en tiempo de san Francisco

En esta devoción Francisco estuvo más influido por la tradición contemporánea que por la Sagrada Escritura. El simbolismo de la tau estaba de moda en su tiempo. Durante la inauguración del Concilio IV de Letrán (1215), el papa Inocencio III predicó sobre Ezequiel 9 y llamó a todos los cristianos a hacer penitencia bajo el signo de la tau, signo de conversión y señal de la cruz.

Los antonianos, que se dedicaban sobre todo a la atención de los contagiados por la peste, llevaban en el hábito la cruz antoniana, en forma de tau.

Como posibles fuentes pictóricas de la veneración de la tau hay que tener en cuenta sobre todo las ilustraciones de libros, especialmente las pinturas del canon. Se llama «pintura del canon» la página del misal en la que estaba pintado y adornado con una cruz el principio del canon latino: «Te igitur, clementissime Pater...» La «T» del «Te igitur» se convirtió con frecuencia en una cruz grande y polícroma, cuyo madero vertical se unía con el travesaño al igual que la «T» mayúscula, o subía hasta más arriba formando una cruz latina. Este segundo caso podemos verlo en el misal de San Nicolás, que Francisco, Bernardo y Pedro Cattani consultaron por tres veces, deseosos de conocer lo que Dios quería de ellos (cf. TC 28-29).

La «tau» trazada por Francisco

La taw hebrea, o la tau griega, estaban por tanto de moda. Para Francisco era, igual que la cruz, el signo de la salvación y de la redención. Y así como la salvación se llevó a cabo mediante la cruz, con sufrimientos y dolores, así también el discípulo de Jesús está llamado a seguir el camino de la cruz. De acuerdo con la llamada del Papa al inicio del Concilio, la tau fue para Francisco un signo especial de renovación y penitencia, que empleó en distintas circunstancias. «La señal de la tau le era preferida sobre toda otra señal; con ella sellaba las cartas y marcaba las paredes de las pequeñas celdas» (3 Cel 3).

Quien visite Fonte Colombo, el «Sinaí franciscano», podrá observar en la capilla de la Magdalena, a la izquierda del altar, una tau pintada en rojo en el intradós de la ventana. Con buenas razones, la tradición atribuye esta pintura a san Francisco. La terminación gruesa de los extremos del travesaño es una muestra de cómo se escribía a principios del siglo XIII. La tau tiene en ese lugar un significado muy apropiado, pues está indicando que Magdalena es la penitente.

Las taus iniciales de las «pinturas del canon» nos hablan claramente de la vinculación de la obra de la redención con la eucaristía. De esta vinculación, así como de la reforma eucarística deseada por Francisco, nos habla también la tau colocada por él como firma de la primera Carta a los Clérigos, que puede verse en el Misal de Subíaco. Por ello las ediciones de los escritos de Francisco deberían reproducir la tau al final de la 1CtaCle, como hacen al reproducir la BenL.

Esa manera de actuar de Francisco en las dos ocasiones citadas no es nada extraordinario; ya había actuado así antes. La tau es un signo preferido desde antes de dedicarle el pergamino a fray León. Precisamente por ello puede fray León entender la tau en el sentido en que la entiende Francisco y tener en gran estima, como un autógrafo, el pergamino que contiene la bendición. Lleva la letra manuscrita e inconfundible de Francisco.

La cabeza debajo de la «tau»

El dibujo que aparece en ese pergamino debajo de la tau no tiene un significado tan unívoco como ésta. El madero vertical de la tau parece salir de la boca abierta de una cabeza humana; es decir, la cruz brota como de la boca, lo cual podría ser una alusión a la proclamación de la conversión y de la cruz. Los contornos imprecisos del dibujo han dado pie a muchas interpretaciones, no siempre acertadas. Vale la pena tomar en serio dos de ellas, que son las que prevalecen hoy en día: una considera que el dibujo es la calavera de Adán; la otra afirma que es la cabeza de fray León.

La Legenda aurea, compilada por el dominico Jacobo de Vorágine († 1298), transmite, entre otras, la siguiente leyenda, conocida desde la alta Edad Media y llena de profundo significado: la cruz de Cristo fue hecha con madera del mismo árbol en el que pecó Adán, y fue levantada en el mismo lugar en que se hallaba el sepulcro de Adán. Mediante la sangre que brotó de la cruz fue redimido Adán y, con él, todo el género humano. Esta interpretación de la relación entre la redención y el pecado original, teológicamente irreprochable, podemos encontrarla también en el arte. Desde el siglo VI el arte representa el tema de «Adán bajo el Gólgota». En la catedral de Espoleto puede verse un crucifijo pintado en 1180 que reproduce la siguiente escena: en el lado derecho e izquierdo del Crucificado están de pie María y Juan; bajo los pies de Cristo está pintada la calavera de Adán; la sangre que brota de las llagas de los pies de Jesús se derrama sobre la cabeza de Adán.

Si Francisco no había oído hablar de esta leyenda de la cruz, es bien probable que la conociera -hombre de aguda vista como fue- gracias a las obras de arte. Por eso lo más probable es que lo que dibuje debajo de la tau sea la calavera de Adán. Quería así, con su dibujo más bien insinuado que claro, manifestar que toda la descendencia de Adán había sido redimida por Jesucristo, el segundo Adán. «También tú, hermano León -le dice-, eres uno de los redimidos».

El dibujo puede entenderse, así mismo, como una reproducción de la cabeza de fray León. Y esto sería exactamente igual de significativo, pues es a él personalmente a quien Francisco bendice. Refiriéndose a Ez 9 y Ap 7, Francisco entiende la tau como el sello de los elegidos. Quien vive en esta vida bajo el signo de la conversión (tau), está marcado, ya desde ahora, en calidad de siervo de Dios, con el sello de los salvados (tau). Francisco quería consolar al atribulado León, asegurándole: «El sello de la cruz está marcado sobre tu frente, pues formas parte de los auténticos convertidos y, por tanto, de los que serán salvados».

Estas dos interpretaciones pueden armonizarse entre ellas. No se excluyen, sino que se complementan. Puesto que la humanidad ha sido redimida por Cristo, también León ha sido redimido. Es un pecador, como Adán, pero lo limpia la sangre del Redentor. Es uno de los «varones penitentes de la ciudad de Asís» (TC 37c) y, como Francisco, vive bajo el signo de la tau, de la conversión y de la redención, de la solidaridad y la oración en común. Bendiciendo personalmente a fray León y trazando sobre él el signo de la cruz, le expresa y le entrega la fuerza salvadora que brota de ese signo de salvación.

Tal como fray León interpretó el dibujo de debajo de la bendición, las palabras y los hechos de Francisco fueron para él un signo de consuelo. Y lo son también para nosotros. Aunque no llevemos grabadas visiblemente las llagas del Crucificado, como Francisco, sí las llevamos internamente. A todo aquel que se deja herir en nombre de Cristo y carga con su cruz, Francisco le dice lo mismo que le dijo a fray León: «También tú estás marcado con la cruz de Cristo y, por tanto, bendecido. Eres propiedad de Dios y estás bajo su protección».

Así, todos los que procuran seguir a Cristo en las dificultades de la vida, pueden percibir cómo la bendición de san Francisco va también dirigida a ellos y cómo los marca con la tau. Y cada uno y cada una puede considerar: «Esta tau es la cruz, el signo de Jesucristo, el Cordero sacrificado. Mediante su cruz he sido salvado también yo. Puedo contarme entre los que han sido marcados con ella.

LA BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

El pergamino de 14 por 10 centímetros que Francisco le regaló a fray León, está escrito por las dos caras. En el reverso de las Alabanzas de Dios se encuentra la siguiente bendición: «El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su faz y tenga misericordia de ti. Vuelva su rostro a ti y te dé la paz. El Señor te bendiga, fray León».

Debajo de esta bendición de Francisco, fray León añadió en tinta roja las siguientes palabras: «El bienaventurado Francisco escribió de su propia mano esta bendición a mí, fray León». Y más abajo añade: «De manera semejante hizo de su propia mano este signo Tau, y la cabeza».

El texto de la Bendición a fray León (Ben L) escrita por Francisco reproduce casi al pie de la letra la bendición de Aarón, del libro de los Números (Núm 6,24-26). Lo que Francisco añadió al texto bíblico-litúrgico fueron unas pocas palabras, pero muy importantes, por ser suyas propias: «¡El Señor te bendiga, fray León!» Francisco expresa con toda sencillez su deseo de bendición al atormentado compañero.


Dios dijo también a Moisés: “Di a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los hijos de Israel. Dirán: ¡Dios te bendiga y te guarde! Dios haga resplandecer su rostro sobre ti y te mire con buenos ojos! ¡Dios vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz.» (Num 6,24-26).





sábado, 6 de abril de 2013

¡EL SEÑOR OS DE LA PAZ!



CARTA DEL MINISTRO GENERAL DE LA OFM.

Queridos hermanos: ¡El Señor os dé la Paz!

Cuando os llegue esta carta ya se habrá hecho público mi nombramiento de Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, por parte de Su Santidad el Papa Francisco. Quiero, en estos momentos, compartir algunos sentimientos con vosotros, mis queridos hermanos.

El primer sentimiento de inmensa gratitud va al Padre de las misericordias por la bondad que me ha manifestado durante todos estos años. Desde las entrañas maternas me eligió y me llamó. Me dio el regalo de unos padres, Ángel y Celia, a los que no solo debo la vida, sino también una educación en la fe, lo que permitió que, desde muy joven, me sintiese llamado a la vida franciscana y sacerdotal y que me permitió responder con gran entusiasmo y generosidad a dicha llamada. Ellos, con su ejemplo de trabajo y de amor por el Señor, me sostuvieron siempre en este camino y fueron verdaderos formadores en el seguimiento de Cristo. A ellos se unieron mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos, a los cuales debo tanto en mi vida humana, franciscana y sacerdotal. Más tarde, desde cuando tenía diez años y medio, el Señor me dio los hermanos franciscanos que me acogieron y me formaron, primero en mi Provincia de origen, Santiago de Compostela, y luego en la Custodia de Tierra Santa. Los hermanos de mi Provincia me mostraron su confianza al asignarme oficios de gran responsabilidad, principalmente en el campo de la formación y de gobierno, luego los hermanos de la Orden harían otro tanto, eligiéndome Definidor, Secretario general para la Formación y los Estudios, y Ministro general. Y en todo este tiempo no dejé de sentir la mano del Señor que me protegía y la confianza de los hermanos que no vino a menos, a pesar de mis debilidades. Por todo ello no cesaré de agradecer al Señor su bondad y misericordia para conmigo.

Un gracias particular quiero dar a los hermanos que me han formado, muchos de ellos ya en la casa del Padre, y a aquellos con los cuales he compartido responsabilidades de animación y de gobierno, primero en mi Provincia y luego en la Orden. Gracias a ti, querido hermano Giacomo Bini por tu cercanía y tu amistad, en estos años. ¡De ti aprendí tanto! Gracias a vosotros hermanos Definidores del primer o segundo sexenio de mi servicio como Ministro. Con vosotros no me resultó difícil colaborar. Siempre habéis sido comprensivos con mis limitaciones y siempre confiasteis en mí. Gracias a mis secretarios particulares, principalmente a Fr. Francisco Javier Arellano, fiel hermano y colaborador, y a los hermanos de la Curia general, sin los cuales me hubiera sido imposible la animación y gobierno de la Fraternidad universal. Gracias a vosotros hermanos todos de la Orden. Con vosotros he sufrido y con vosotros he gozado. Con vosotros he sobrellavado las fatigas y las alegrías de nuestra vida. ¡Qué gran alivio ha sido para mí saberme acompañado de los casi 15.000 hermanos de la Orden! Tal vez haya sido mucho lo que os he dado en estos 10 años de Ministro y 6 de Definidor y Secretario para la Formación y los Estudios, pero ciertamente mucho, muchísimo más, ha sido lo que de vosotros he recibido. ¡Gracias de verdad! ¡Habéis sido para mí un gran regalo, un gran don! Ahora que me separo temporalmente de vosotros, os lo suplico, besándoos los pies, seguid siendo para mí soporte y bendición con vuestra oración y con el don de vuestra fraternidad y amistad.

Con la acción de gracias no puedo menos de reconocer mis limitaciones. Si es verdad, y lo es, que al que mucho se le dio mucho se le pedirá, en estos momentos siento más fuerte que nunca el peso de mis debilidades, por lo que pido perdón. Primero a Dios, que me ha de juzgar y que me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo, y luego a vosotros, mis queridos hermanos a los que prometí servir desde la lógica del don sir reservas. Perdonadme cuantas veces os haya podido ofender. Poniendo mi vida ante el Señor os puedo asegurar que nunca he querido faltaros y que nunca he querido caer en favoritismos. Si la humildad es la verdad, os puedo asegurar, con gran humildad, que siempre y en todo momento he intentado el bien de la Orden, sin pensar en mí ni en lo que pudieran decir unos y otros. También confieso que siempre he intentando hacer yo mismo lo que os pedía que hicierais. Si no lo he logado, me confío a la misericordia del Señor y a vuestra fraterna comprensión.
En estos momentos siento en mi corazón un doble sentimiento: de alegría y de tristeza. Alegría porque el Señor sigue confiando en mí y porque el Santo Padre, mi “Señor Papa” Francisco, me confía una gran responsabilidad al servicio de la vida religiosa y consagrada, signo también de su confianza en mi persona y en la Orden. Tristeza porque os voy echar de menos, mis queridos hermanos. Me vais a faltar. Me faltará vuestra compañía en la oración, en el recreo, en las comidas, en todo momento. Me faltarán vuestros sabios consejos y vuestra mano tendida en cualquier necesidad. Os voy echar de menos… Me consuela que seguiré trabajando por la vida que amo, porque es la mía: la vida religiosa y, por lo tanto, también por la vida franciscana. Sentidme a vuestro servicio. En cualquier ocasión que lo consideréis conveniente no dudéis en recurrir a mí y, dentro de mis limitadas posibilidades, me encontraréis disponible, aunque solo sea para caminar con vosotros.

Mi ordenación episcopal está prevista para el 18 de mayo, víspera de Pentecostés. Será en Santiago de Compostela. Me ordenará Su Eminancia el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad. Me gustaría ese día teneros a todos físicamente conmigo. Sé que no es posible. Por ello os pido un recuerdo en la Eucaristía y en vuestra oración. La necesito. Orad por mí, como yo oro por vosotros.

Es mi última carta firmada como vuestro Ministro y siervo. Con ese sentimiento, y con profunda emoción, os bendigo en el Seráfico Padre.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro general, OFM

martes, 19 de febrero de 2013

VOCACIONES FRANCISCANAS EN EL PERU Y EL MUNDO


LOS MOTIVOS DEL HERMANO LOBO
El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
el lobo de Gubbia, el terrible lobo,
rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: ?¡Paz, hermano
lobo! El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: ?¡Está bien, hermano Francisco!
¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?
Y el gran lobo, humilde: ?¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre, que iban a cazar.
Francisco responde: ?En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!
?Está bien, hermano Francisco de Asís.
?Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: ?He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios. ?¡Así sea!,
contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

*

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba en las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.
Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos lo buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
?En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote ?dijo?, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.
Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
?Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: Padre nuestro, que estás en los cielos...


jueves, 14 de junio de 2012

VIDEOS DE ANIMACION A LA VOCAION FRANCISCANA

Gifs Animados
Vocación franciscana


ESCRITOS SOBRE SAN FRANCISCO DE ASIS EN EL CONTEXTO DE NUESTRA COYUNTURA


    Los "Escritos" de San Francisco no deben ser entendidos como un programa presentado por él, al modo de definiciones de lo que él pensaba y quería que los otros pensasen. No tenemos que entender a Francisco de forma abstracta, porque él no es un intelectual. Lo que escribió es la sobreabundancia de lo que sentía delante de Dios y de las personas. A Dios lo celebra, a los hombres los exhorta.

En esos escritos, auscultamos, palpamos, entramos en contacto con su experiencia viva, con su personalidad, con sus intenciones. Es así que encontramos en Francisco una propuesta de vida.

    Pero es claro que no podemos quedarnos sólo con los Escritos. Todas las "Fuentes" exigen una lectura atenta y crítica, son necesarias para entender a Francisco en su tiempo, en su tierra; un tiempo y una tierra que él vivió como intensamente suyos. Y todos los otros estudios que nos aluden a conocer el hombre medieval son también fundamentales.

En esta sección, queremos ofrecer una visión breve, pero de conjunto sobre los "Escritos".

Cada uno de ellos tiene que ser leído, meditado, rezado, asimilado. Pero cada uno de los mismos se vuelve muy reducido si no fuera bebido y vivido en el conjunto de todos los otros.

    ¿Cuáles son?

Los Escritos de San Francisco que poseemos hoy son poco más de treinta. Podemos decir que son treinta y ocho. Hay diversas formas de agruparlos y de contarlos. Proponemos la siguiente:

   A. Exhortaciones (son 3):

1. Amonestaciones

2. Testamento

3. Cántico "Oid, pobrecillas"

   B. Textos de propuesta de vida o legislativos (son 6):

4. Regla No Bulada

5. Regla Bulada

6. Regla para los Eremitorios

7. Forma de Vida para Santa Clara
8. Ultima Voluntad a Santa Clara
9. Fragmentos de otra Regla No Bulada

   C. Cartas (son 11):
10. Primera Carta a los Fieles
11. Segunda Carta a los Fieles
12. Primera Carta a los Custodies
13. Segunda Carta a los Fieles
14. Primera Carta a los Clérigos
15. Segunda Carta a los Clérigos
16. Carta a toda la Orden
17. Carta a un Ministro
18. Carta a los Gobernantes de los Pueblos
19. Carta a Fray León
20. Carta a san Antonio

   D. Oraciones (son 10):
21. Oración ante el crucifijo de San Damián
22. Exhortación a la alabanza de Dios
23. Alabanzas para todas las Horas
24. Oficio de la Pasión
25. Paráfrasis del Padre Nuestro
26. Bendición a Fray León
27. Alabanzas al Dios Altísimo
28. Saludo a la Bienaventurada Virgen María
29. Saludo a las Virtudes
30. Cántico de las Criaturas

   E. Fragmentos en otros libros:
31. Bendición al hermano Bernardo
32. Bendición a Santa Clara
33. Testamento de Siena
34. Dictado de la Verdadera y Perfecta Alegría
35. Carta a Fray Jacoba
36. Carta a los Boloñeses
37. Carta a los Frailes Franceses
38. Normas sobre el ayuno a Santa Clara

Más adelante vamos a hacer una presentación de cada uno de estos escritos. Quedará explicado, entonces, porque hay otras formas de agrupar y contar los Escritos de San Francisco.

No auténticos o inseguros
En la última edición de los escritos, hecha por Kajetan Esser en 1976, presenta como dudosos o seguramente no auténticos 24 textos que antes habían sido atribuidos a San Francisco. Pertenecen a este grupo: las cartas a Fray Angelo de Pisa, a Fray Bernardo, a Fray Elías, a la condesa Juana, al eremitorio de Porto Vegla; las oraciones "Absorbeat" (que las "Fonti Francescane" italianas consideran auténticas), "Sancta Dei Genitrix Maria", la "Oración Simple por la Paz" (que surgió en Francia en 1914) y otras oraciones, pero principalmente la "Regla de los hermanos y hermanas de la penitencia", que anteriormente había sido incluida por el propio Esser en su librito de los "Opúsculos".

Historia de los Escritos

¿Cómo llegaron hasta nosotros los Escritos de San Francisco? Algunos tienen una documentación muy antigua, otros constan en colecciones medievales. Y otros fueron descubiertos hace poco tiempo.
Vamos a presentarlos en tres grupos: 1) los testimonios más antiguos; 2) las colecciones medievales; 3)Otros descubrimientos.

1. Los testimonios más antiguos

a) Autógrafos
Tres de los Escritos de San Francisco llegaron hasta nosotros tal como salieron de sus manos. Dos, la "Bendición a Fray León" y las "Alabanzas al Dios Altísimo", están en los dos lados de un mismo pergamino, conservado y expuesto en la Basílica de San Francisco en Asís. Un tercero, la "Carta a Fray León", está expuesto en la catedral de Espoleto. Son pergaminos pequeños, que Fray León guardó consigo hasta el final de su vida.

b) El códice B. 24 de la Biblioteca Vallicelliana en Roma
Pertenecía a la Abadía benedictina del Subiaco y contiene un misal en que se transcribió (entre los años 1219 y 1238) la "Primera Carta a los Clérigos". Es el códice más antiguo con un escrito de San Francisco. Contiene el signo de la "tau con la cabeza", como la bendición a Fray León.

C) Un sermón de 1231
Predicando a los universitarios de París, el día 13 de julio de 1231, un dominico citó la "Amonestación 6", atribuyéndola explícitamente a San Francisco.

2. Las colecciones medievales
Hay cuatro colecciones antiguas, ya estudiadas por Paul Sabatier (1858-1928) y Sofronio Clasen Ofm (+1975).

a) El códice 338 de Asís
Pertenecía al Sacro Convento de Asís y fue secuestrado en 1810, pasando a pertenecer al gobierno italiano, que desde 1981, permitió que volviese a ser guardado en el convento.
Fue escrito por los frailes del Sacro Convento antes de 1279, en tiempos del Ministro General Alberto de Pisa o en el de Aymón de Faversham.


b) la Compilación de Avignon

También es conocida como colección "Fac secundum exemplar", por su prólogo. Es el trabajo de un fraile que hacia el año 1340, reunió informaciones sobre San Francisco que no constaban en la "Leyenda Mayor".

C) El grupo de la Porciúncula

Son ocho Manuscritos hechos por copistas profesionales, provenientes de conventos de la estricta observancia en Italia central. Son del siglo XIV, uno de ellos ciertamente de antes de 1370.

d) El grupo del norte o de la provincia de Colonia

Son once manuscritos, también hechos por copistas profesionales, pero de fuera de la Orden: canónigos regulares o crucíferos de Renania o de los Países Bajos. Son de fines del siglo XIV o del comienzo del XV.

Esos cuatro grupos suman unos treinta códices, que constituyen la base de casi todos los otros manuscritos conocidos.

Todas esas colecciones presentan las "Admoniciones", la "Segunda Carta a los Fieles", la

"Carta a toda la Orden", el "Saludo a las Virtudes". Las tres primeras traen también la "Regla Bulada" y el "Testamento".

Asís, Avignon y el Norte consignan también la "Regla para los Eremitorios" y las "Alabanzas para todas las Horas". Avignon y Porciúncula contienen la "Bendición a Fray León" y el "Saludo a la bienaventurada Virgen Maria". Asís y Avignon copian el "Oficio de la Pasión" y el "Cántico de las Creaturas". Sólo Avignon trae la "Oración ante el Crucifijo de San Damián" y la "Carta a San Antonio". Sólo Porciúncula tiene la "Carta a un Ministro" y la "Regla No Bulada". La de Avignon copia un trocito del cap. 16 de la "Regla No Bulada".

3) Otros descubrimientos

Hay también algunas colecciones conservadas en códices del siglo XIV y XV. La más importante está guardada en el Antonianum de Roma. En Oxford guardan el códice 525, escrito entre 1384 y 1385. En la Biblioteca Guarnaci, de Volterra está el códice 225. En la Biblioteca Vallicelliana de Roma está el códice B131. Numerosos manuscritos transcriben sólo uno o dos Escritos, generalmente la "Regla Bulada" y el "Testamento". Todos esos pergaminos fueron descubiertos en los últimos años del siglo XIX o en el siglo XX.

EL "Oid, Pobrecillas" sólo fue encontrado en 1976.

Ediciones impresas

En los tiempos modernos, las ediciones de los Escritos están ligadas al nombre de algunos estudiosos que las publicaron. Vamos a presentar: 1) Lucas Wadding, 2) Paul Sabatier, 3) Lemmens y Boehmer, 4) Kajetan Esser.



1. Lucas Wadding

Desde la invención de la imprenta, se publicaron Escritos de San Francisco. Pero no eran
colecciones sistemáticas ni estudios críticos.
La primera edición organizada fue hecha en 1632 por Lucas Wadding, el fraile irlandés que publicó los "Annales Minorum". Fue él quien por primera vez uso la palabra "Opúsculos", después ampliamente adoptada. Opúsculos quiere decir "obritas", por eso preferimos hablar siempre de "Escritos" de San Francisco.
El libro de Wadding tenía 710 páginas de tamaño gigante. Recogió junto con los escritos propiamente dichos discursos, alocuciones, exhortaciones, oraciones. Era una edición preciosa pero confusa. En casi tres siglos, tuvo muchas traducciones y muchos resúmenes, hasta que los editores modernos se dedicaron a estudiar lo que era realmente auténtico y lo que era apócrifo.
En 1748, Fray Manuel de San Buenaventura publicó en Portugal una colección llamada "Polyanthea seu Florilegium Seraphicum", en que incluye el texto de Wadding.
La primera traducción de Escritos de San Francisco debe ser una francesa de 1632. Las italianas comenzaron a aparecer hacia fines del siglo XVIII. En el siglo XIX, se multiplicaron en casi todas las lenguas occidentales.

2. Paul Sabatier

En el final del siglo XIX, cuando el mundo occidental estaba sumergido en el positivismo, y en el laicismo, Paul Sabatier, un pastor protestante francés, discípulo de Renán, hizo surgir una nueva primavera al publicar una "Vida de San Francisco", en 1893. El estaba dedicado al estudio científico de los pergaminos que hablaban de San Francisco y revolucionó las búsquedas franciscanas, ya entonces bastante insatisfechas con el trabajo de Wadding, que incluía en pie de igualdad obras legítimas y tantos otros escritos inseguros o ciertamente expúreos.

Las sucesivas publicaciones de Sabatier, siempre ampliamente acogidas o discutidas, animaron a otros estudiosos a salir al campo para rever los Escritos de San Francisco y sus Fuentes históricas. La "Cuestión Franciscana" movilizó a mucha gente en Europa.
Fue así que nacieron las primeras ediciones críticas de los "Escritos", ampliamente esperadas. Pero esto aconteció sólo a comienzos del siglo XX.

3. Lemmens y Boehmer (1904)

En menos de cuatro meses, en 1904, fueron publicadas dos ediciones críticas: la de Lemmens y la de Boehmer.

El franciscano Leonardo Lemmens publicó su "Opuscula sancti patris Francisci Assiensis sec, codices mss, emendata et denuo edita PP. Collegii S. Bonaventurae ad Claras Aquas", en Quaracchi, cerca de Florencia. Trabajó sobre el códice 338 de Asís comparándolo con otros manuscritos, en número bastante reducido, todos pertenecientes al grupo de la Porciúncula. Como se limitó a los escritos en latín, no incluyó, el "Cántico de las Creaturas", cuyo original era en italiano y estaba en el códice 338.
Heinrich Boehmer era un laico, tenido como uno de los más calificados estudiosos de la Universidad de Tubinga. La obra salió dentro de las "Analekten zur Geschichte des Franciscus von Assisi". Tenía 146 páginas, sin contar las 72 de introducción. Presenta la historia de los Escritos, la edición de Wadding y distingue los diversos escritos del Santo. Usó principalmente los Manuscritos de la colección de Avignon, 60 códices. Para El, la Regla de la Orden Tercera no era ya un documento auténtico.
Después de esas dos ediciones críticas, el número de escritos de San Francisco quedó bastante reducido, pero seguro. Es interesante que las dos obras fueron hechas independientemente, pero resultaron coincidentes en casi todo. Y es preciso reconocer que la colaboración de Sabatier, con sus investigaciones y publicaciones, fue muy grande.

4. Kajetan Esser OFM. la edición critica (1976-1989)

En los primeros decenios de este siglo, los investigadores encontraban prácticamente un manuscrito franciscano por mes: o de las fuentes históricas o de los Escritos. Estaban empeñados en resolver la "Cuestión Franciscana". El resultado fue un conocimiento cada vez más acabado de los Escritos.

Quien más se destacó en el estudio de los Escritos y de los orígenes franciscanos fue Kajetan Esser OFM (1913-1978), de la Provincia de Colonia. Hizo una tesis de doctorado sobre el "Testamento". Para eso, comparó uno por uno todos los pergaminos que copiaban el "Testamento". Descubrió así la dependencia entre los diversos códices y estableció las bases para una edición critica. Continuó con el estudio de todos los Escritos de San Francisco.

En 1968, el Consejo Plenario OFM encargó a una comisión la preparación de una edición crítica. Esta publicó sus trabajos en 1972: reunió 196 códices que contenían los Escritos, sin contar otros 56 que sólo tenían la "Regla No Bulada" y el "Testamento". Y Esser continuó sus estudios.

En 1976, como en 1904, salieron dos ediciones críticas, pero esta vez, las dos hechas por franciscanos. Una fue de Esser, otra de Fray Juan Boccali, OFM, que publicó una concordancia de los Escritos de San Francisco y de Santa Clara.
La obra de Esser fue editada en alemán, con un tiraje bien reducido. en 1978, salió una edición menor, en latín, reduciendo el aparato crítico al mínimo, para uso de los alumnos. Sirvió de base para numerosas traducciones a las lenguas modernas.

Para tener una idea de cómo se hace una edición crítica

Lo fundamental es estudiar todos los pergaminos antiguos para llegar a establecer un texto seguro, es decir, lo más próximo posible al que fue escrito en tiempo de San Francisco.
La gente podría decir que "cuanto más antiguo el pergamino, más próximo es al texto verdadero". Pero ese principio, aunque válido, y que hace que el códice 338 de Asís sea muy respetado, no es siempre una garantía. Un documento más reciente puede haber copiado más fielmente un texto antiguo que una copia intermedia. Por eso, sólo para tener una idea, veamos algunas reglas que han sido establecidas:
Cuando un texto comparado con otro, muestra que le fueron hechas correcciones para que el latín quedase mejor o se le librase de expresiones italianas, se confía más en el texto sin correcciones.
Cuando un texto fue corregido quedando más parecido con una fórmula casi decorada, por ejemplo, por la lectura constante de la Regla o del testamento, es preferible la forma diferente.
La Orden evolucionó bastante. A veces, los copistas ya no entendían más algunas cosas sobre una vida fraterna o costumbres antiguas y corregían de acuerdo con las costumbres de su tiempo. Un buen conocimiento de la historia puede ayudar a restablecer el texto corregido, encontrado en algunas copias.
A veces las correcciones fueron hechas porque el lenguaje teológico de Francisco y el de sus compañeros es anterior a la Escolástica. En este caso, es más antiguo el texto menos correcto, o con lenguaje ciertamente mas antiguo.
San Francisco usaba una prosa desprolija, normalmente sin belleza de estilo. Entre un pergamino que tiene un texto más bonito y otro con un lenguaje más rudo, es preciso optar por el memos bonito.
La edición de Esser

Esser presentó los Escritos de San Francisco en orden alfabético. Pero es claro que el orden alfabético de los títulos en latín se torna completamente diferente en otras lenguas. Como tampoco da para usar el orden cronológico, porque no se sabe exactamente la fecha en que fue redactado cada escrito. Hay diversas tentativas de distribuir los Escritos por grupos como nosotros hicimos (exhortaciones, legislativos, cartas...), pero esto tampoco es fácil.

En la edición de Esser hay una sección de "Opúsculos dictados". Se trata de escritos cuya redacción no es conocida a través de manuscritos que los presenten como tales. Están sólo en las fuentes biográficas, como noticia: el autor dice que San Francisco dicto algún tema y lo menciona, sin pretender que el texto fuera exactamente así: lo que se garantiza es que el tema es auténtico, no el texto con todas sus palabras. El problema es que, sobre esa base, podrían coleccionarse muchos otros "dichos y palabras" de San Francisco. Preferimos llamarlos "Fragmentos encontrados en otros libros".

Es preciso saber que la mayor parte de los "Escritos" fueron dictados. San Francisco sabía mal el latín y llamaba a frailes que supiesen escribir. Pero después él reveía, corregía y, por eso, textos como el "Testamento" o el "Cántico de las Creaturas", ciertamente dictados, pueden ser aceptados como escritos por Francisco. De forma amplia, lo importante es saber que los Escritos que presentamos son del mismo San Francisco, aunque en varios puedan haber colaborado algunos de sus compañeros. En general, cada palabra fue aceptada por Francisco, que era cuidadoso en estos asuntos.
En 1989, Fray Engelbert Grau OFM, hizo una segunda edición de la obra de Esser (que había muerto en 1978). Las novedades son un índice bibliográfico, La presentación del "Oid, pobrecillas" (que fue encontrado sólo en 1976) Y una nueva forma de presentar la "Primera Carta a los Fieles".

Una nueva edición

En 1995 las "Edizioni Porziuncola", de Asís, presentaron una preciosa contribución a los estudios. Son las FONTES FRANCISCANI, es decir la Fuentes Franciscanas en latín. Un solo volumen, con 2.581 páginas en papel biblia que trae todas las Fuentes más importantes, con preciosas introducciones actualizadas. Están incluidos hasta los "Actus beati Francisci et sociorum eius" y también los "Escritos" la "legenda" y el "Proceso" de Santa Clara. Está prometido un nuevo volumen con las "Crónicas" y otros Documentos que están faltando.
Los que pueden leer los textos en lengua original y en la versión critica, no necesitan mas estar juntando libros, a veces raros, en las bibliotecas. En este cuaderno, esa nueva edición, fue inmensamente útil.

Breve presentación de cada uno de las Escritos

1. Amonestaciones –
Se trata de una colección de 28 textos cortos (sólo la primera es un poco mayor) que tienen una amplia presencia en los manuscritos medievales. Una de las Admoniciones fue el primer texto de Francisco citado fuera de la Orden (1231) por un fraile dominico. Hay que recordar que Francisco acostumbraba hacer alocuciones a todos los hermanos en los capítulos generales. Algunas de estas Amonestaciones pueden provenir de esos capítulos, aunque no todas. De los números 1 a la 13 los temas son variados; de la 14 a la 28 forman lo que se llaman "bienaventuranzas franciscanas". Probablemente son textos que sólo fueron dichos por Francisco y que fueron preservados porque alguien tomó nota. Y es hasta posible que haya sido alguien de fuera de la Orden (se piensa en un cisterciense secretario del Cardenal Hugolino), porque usa expresiones como "prelado", "siervo de Dios", etc, que no eran comunes en el medio franciscano.
Las Amonestaciones son un buen resumen de la propuesta espiritual de San Francisco.

2. Testamento
Después de la "Regla Bulada", el "Testamento" es el documento mejor y mas ampliamente documentado de San Francisco. Nadie duda de su autenticidad. El propio titulo "testamento" precede del texto del Santo. Se sabe que San Francisco lo dictó en sus últimos días, después de haber discutido varios puntos con los frailes. El quería que fuese leído siempre después de la Regla, y eso siempre fue hecho. Pero, desde el inicio, hubo discusiones al respecto del valor obligatorio de ese documento. Ya Gregorio IX declaró, en 1230, que el "Testamento" no era obligatorio. Pero no hay duda de que el expresa de manera muy candente el pensamiento del santo sobre su propia vida y la que Dios le había inspirado para los Frailes Menores.

3. Oid, pobrecillas
Este documento fue encontrado en 1976, después que salió el libro de Esser, por Fray Juan Boccali, que siguió las indicaciones de dos clarisas estudiosas y lo localizó en el monasterio de San Fidencio de Novaglie. Boccali le dio el nombre de "Palabras de Exhortación". Dos años después, publicó un estudio critico, al cual seguirían otros. Ya se tenía conocimiento de ese cántico por el "Espejo de Perfección" (90) y más todavía por la "Leyenda Perugina" (45). San Francisco lo compuso para Santa Clara y sus Hermanas "como canto" después de haber compuesto el Cántico de las Creaturas.

4. Regla No Bulada
A veces también llamada "Primera Regla", dejándose el nombre de "Segunda Regla" para la que estamos denominando "Regla Bulada". En verdad, no fue la primera. Algunos denominan "Proto-Regla" o "Regla Primitiva" a la que fue aprobada por Inocencio III en 1210. La Regla No Bulada es la versión final que resultó, en 1221, después que los capítulos generales fueron incluyendo modificaciones a la Regla Primitiva, a fin de adecuarla a la vida de una fraternidad que no paraba de crecer. Es el mayor de los Escritos de San Francisco. El es ciertamente su autor, pero tuvo la amplia colaboración de todos los frailes reunidos en los capítulos generales. Se trata de un documento vivo, ardoroso, lleno de oraciones y de citas bíblicas. Es imprescindible para llegar a conocer el pensamiento de Francisco y el de sus primeros compañeros sobre la Orden que estaba comenzando .

5. Regla Bulada
Le damos ese nombre porque fue aprobada por la bula "Solet annuere" de Honorio III (1223). Nunca hubo dudas en cuanto a la autenticidad ni en cuanto al texto de esta Regla. Son numerosísimos los manuscritos medievales que la traen, pero no necesitamos de los mismos: tenemos el pergamino original de la bula, que incluye la Regla, y está guardada en Asís (con muchas fotocopias modernas distribuidas en nuestros conventos). En los archivos del Vaticano también queda una copia, con pequeñas diferencias debidas a las fallas de los amanuenses. Es la "Forma de Vida" que vale desde 1223 para todos los Frailes Menores y, por eso, es ampliamente conocida por todos los franciscanos, que la saben de corazón.

6. Regla para los Eremitorios
Ya consta en el códice 338 de Asís y está muy bien representada en muchos códices. No tenía título. Le fue dado de acuerdo con el contenido. Debe haber sido escrita entre los años 1217 y 1220. Pero más tarde, como la Orden dejó de tener eremitorios del tipo considerado en este documento (por eremitorios entendían pequeños conventitos) los copistas intentaron hacer correcciones para los que lograban entender. Puede ser considerada un complemento de la gran Regla. Es un magnifico documento sobre la vida fraterna y la vida de oración.

7. Forma de Vida a Santa Clara
Sólo tenemos este documento porque Santa Clara lo copió en el capítulo VI de su Regla. También hizo una referencia a el en su Testamento. Fue dado por Francisco a poco del comienzo de la fundación de las Hermanas Pobres, probablemente en 1212 o poco después. Es muy corto, pero puede ser realmente el meollo de la propuesta de Francisco: las Hermanas debían vivir el Santo Evangelio integrándose en la vida de la Trinidad. Y Francisco promete cuidar de ellas como de sus hermanos. Es interesante observar la semejanza entre esa forma de vida y la antífona a nuestra Señora que hace parte del "Oficio de la Pasión".

8. Ultima Voluntad a Santa Clara
Este es otro escrito de San Francisco que sólo conocemos porque Santa Clara lo introdujo en el capitulo VI de su "Regla". Debe haber sido escrito en los últimos días de vida del Santo, más o memos en la época en que envió su bendición a Santa Clara. Es una fuerte exhortación a la vida en pobreza. En 2Cel 204, Celano habla de ese documento.

9. Fragmentos de otra Regla
No Bulada - Ya en 1904, Boehmer hacia notar que había diversas citaciones de la Regla de San Francisco que eran ciertamente anteriores a la "Regla Bulada" pero que tampoco constaban exactamente en la "Regla No Bulada". Francisco colocó algunas después de su presentación de la "Regla No Bulada". En realidad, son hasta más numerosas. Podemos encontrar estos fragmentos en tres fuentes: 1. El códice de la catedral de Worchester, 2. En la "Explicación de la Regla" escrita por Hugo de Digne entre 1245 y 1255 y 3. En la "Vida Segunda" de Celano.

10. Carta a un Ministro
Es un documento conocido desde fines del siglo XIV, porque Bartolomé de Pisa hace varias citaciones de él, sin colocar nunca el texto entero. Wadding presentó, más de una versión, sin dejar nada claro. Fue una sorpresa cuando los estudiosos comenzaron a encontrar códices que daban la carta completa. Algunas publicaciones fueron hechas antes de 1900, por Eduardo de Alençon y Paul Sabatier. No se sabe quien es el ministro que recibió la carta, pero se acostumbra a datarla con bastante seguridad antes de 1223 e, incluso, hasta antes de 1221, pero no puede ser muy anterior. Es un bellísimo escrito sobre la misericordia, que nos hace conocer bien de cerca a San Francisco.

11. Primera Carta a los Fieles
Fue Paul Sabatier quien publicó por primera vez este Escrito, en el año 1900. Lo encontró en el códice de Volterra. Le dio el nombre de "Verba vitae et salutis" (Palabras de vida y de salvación) y dice que se trataba de un primer esbozo del escrito hoy conocido como "Segunda Carta a los Fieles" (que todavía no había sido publicada en aquel tiempo). Lemmens y Boehmer aceptaron el escrito pero dijeron que se trataba de un resumen posterior. Esser consiguió probar que se trataba realmente de una primera versión, más antigua, de la otra y le dio el nombre de "Carta a los Fieles" -"primera recensión"-, corrigiendo el título dado por Sabatier. Esa primera versión, esta muy de acuerdo con lo que dicen el "Anónimo Perugino" (41) y la "Leyenda de los Tres Compañeros" (60), es escrita en plural, tanto por los frailes, como por San Francisco. Es un bellísimo y simple documento que habla de los que hacen y de los que no hacen penitencia.
En la segunda edición de la obra de Esser, Grau aprovechó estudios hechos por Pazzelli
y mostró que, de hecho, no se trata de una carta sino de una "alabanza" a Dios por los que hacen penitencia: los que denominamos Hermanos y Hermanas de la Penitencia. Y que el título de Sabatier era correcto.

12. Segunda Carta a los Fieles
Wadding publicó, esta carta dividida en dos, basándose en un manuscrito. Pero hoy tenemos muchos otros manuscritos, inclusive del siglo XIII, que transcriben el texto como una única carta. Su autenticidad está aceptada. Tal vez se pueda situar la primera recensión alrededor de 1212 y la segunda alrededor de 1222. Bastante más larga, nos hace pensar en una especie de "Regla Primitiva" de los Frailes Menores que se fue transformando en la "Regla No Bulada": en la medida en que aumentaba el número de los Hermanos y Hermanas de la Penitencia y en que las dificultades iban apareciendo, la Carta fue creciendo. Es fácil percibir como muchos trozos nuevos fueron agregados para aclarar los errores de los cátaros, que debían influenciar a muchos hermanos. La división en doce capítulos y los subtítulos ciertamente no son originales.

13. Primera Carta a los Custodios
Era un escrito completamente desconocido hasta 1902, cuando fue publicado por Sabatier, que lo encontró en el códice de Volterra. W. Goetz quiso ver en él una compilación de la "Carta a los Clérigos", de la "Segunda Carta a los Custodios" y de la "Carta a las Autoridades de los Pueblos". Pero, al encontrar la "Primera Carta a los Clérigos" en el Misal del Subiaco, constató que la "Primera Carta a los Custodios" también era auténtica. Fue reconocida en las ediciones de Lemmens y Boehmer (1904). La "Segunda Carta a los Custodios" hace una alusión a ella. El tema es sobre la Eucaristía. Parecen evidentes sus conexiones con la "Sane cum olim" de Honorio III (1219) y también su lenguaje pre-escolástico. Custodios, en ese tiempo, eran todos los superiores de la Orden de Frailes Menores.

14. Segunda Carta a los Custodios
Fue bastante discutida pero, hoy en día, su autenticidad es aceptada. Fue publicada por primera vez por Wadding en 1623. El estaba haciendo una traducción al latín de una carta que recibiera en español, pero que, a su vez, había sido traducida del latín, porque se conservaba otrora en Zaragoza un manuscrito que era venerado como autógrafo. Por eso, tenemos la certeza de que el texto no es el original. Pero el escrito es fácil de aceptar, tanto por el estilo de San Francisco, como por el tema y además porque cita la "Carta a los Clérigos", la "Primera Carta a los Custodios" y la "carta a las Autoridades de los Pueblos". También se dirige a todos los superiores de la Orden y también habla de la Eucaristía. Se puede demostrar que es una segunda versión, un tanto modificada, de la primera.

15. Primera Carta a los Clérigos
Ya recordamos que el códice b24 (llamado por Esser RV2) contiene la "Primera Carta a los Clérigos" copiada de un misal benedictino. Es el texto más antiguo que poseemos (entre 1219 y 1238) aparte de los autógrafos. Esta carta es uno de los escritos de San Francisco estudiados más a fondo. Tiene una base en los relatos de la LP 18 y del EP 56 (San Francisco andaba con una escoba para limpiar las iglesias, hablaba con los clérigos) y en su amor a la Eucaristía, documentado también en el "Testamento", en la "Admonición 1", etc. Algunos estudiosos sólo llevan en consideración esta primera carta, eliminando la segunda, pues sostienen que tiene muy pocas diferencias. (Esto ya cambia el modo de contar los escritos).

16. Segunda Carta a los Clérigos
Kajetan Esser distingue la primera recensión (la del misal benedictino), de la segunda, que está en casi todos los otros manuscritos. Considera que las diferencias son pocas pero importantes. Propone la hipótesis que la primera data del período entre el Concilio de Letrán y el viaje de Francisco a Egipto (1215-1219), y que la segunda sea posterior a 1220, cuando el Papa Honorio III publicó su carta "Sane cum olim"; Francisco habría reformar un poco su primera carta incluyendo algunas de las expresiones del Papa.

17. Carta a toda la Orden
En la edición de Wadding (1623) esta carta está dividida en tres partes y en tres capítulos. Por eso, en las ediciones de 1904, todavía aparece con el nombre de "Carta al Capítulo General". Entonces se decía que era "a todos los frailes". Pero este es el escrito más documentado de todos los Escritos de San Francisco, después de la "regla Bulada" y del "Testamento". Esser la libró de todas las dudas y le dio el nombre de "Carta a toda la Orden", autorizado por algunos manuscritos. Es el texto más bien escrito de San Francisco, de un muy buen latín, lo que muestra que los secretarios deben haber ayudado bastante. Es un precioso documento sobre la Eucaristía.

18. Carta a las Autoridades de los Pueblos
No fue encontrado ningún códice medieval para esta carta. La única fuente es una copia que, según la tradición, fue llevada a Zaragoza por Fray Juan Parenti, cuando fue ministro provincial de España en tiempo de San Francisco. Sin embargo se la acepta como auténtica. Tiene que ser entendida en el conjunto de otras circulares que Francisco escribió, cuando volvió de Egipto, entre 1220 y 1224. El estaba muy enfermo y casi ciego. Sabiendo que ya no podía hacer más peregrinaciones a todas partes, decidió comenzar un apostolado nuevo, por escrito. Impresionado por los muecines musulmanes que invitaban al pueblo cinco veces al día para el "shalat", Francisco solicita a los gobernantes que se hagan patrocinadores de las alabanzas a Dios mediante un anuncio vespertino. Podía estar pensando incluso en una señal ecuménica que uniera a cristianos y musulmanes.

19. Carta a Fray León
Está conservada en la catedral de Espoleto, en un pergamino autógrafo. No hay manuscrito que la haya copiado. La primera copia conocida es de 1604, cuando llevaron el pergamino para compararlo con el "Billete a Fray León", que contiene la "Bendición a Fray León" y las "alabanzas al Dios Altísimo". Wadding la copió en 1623. No hay duda en cuanto a su autenticidad: es bien el estilo de San Francisco, con un lenguaje bastante incorrecto. Pero habla al corazón, "como una madre". Parece que, durante siglos, dicho texto fue usado como reliquia, para dar bendiciones. En 1860, cuando fue suprimido el convento de los conventuales en Espoleto, pasó a la catedral. Un párroco en 1895 quería venderla a los estadounidenses. Falloci Pulignani presentó el asunto al Papa León XIII que dio una pensión anual de 200 liras al párroco para que el Vaticano se quedara con la reliquia. Después la entregó, de nuevo a la catedral de Espoleto.

20. Carta a San Antonio
La autenticidad de esta carta sólo comenzó a ser discutida después que Sabatier insistió, en que San Francisco se oponía a los estudios. En general el texto aparece en pergaminos independientes o en las vidas de San Antonio, no en colecciones. Después de las ediciones de 1904 fueron encontrados muchos pergaminos. Es interesante leer 2Cel 163, donde se habla de esa carta, y también la Adm.7, que habla de los estudios. La carta cita la RB, por lo que tiene que ser posterior a 1223. Pero no puede ser posterior a 1224/5, cuando San Antonio viajó a Francia. El debe haber pedido antes el escrito a San Francisco.

21. Oración ante el Crucifijo de San Damián
En general aparece suelta en los manuscritos, siendo más común en los ligados a la colección de Avignon. Casi siempre se dice que Francisco rezó esa oración cuando el Crucificado le pidió, que reparara su casa. Es conocido el texto italiano como original. Algunos quisieran poner en duda su autenticidad, preguntando cuando San Francisco habría compuesto el escrito. Hoy se piensa, en general, que él ya estaba haciendo esa oración en el tiempo anterior a San Damián: y fue la respuesta espontánea que le vine a los labios al oír a Jesús. Es interesante que Fray Marcos de Lisboa ya presenta una traducción en portugués en 1556 y hasta dice que el Crucifijo habló después que Francisco rezó la oración.

22. Exhortación a la Alabanza de Dios
Esta oración de San Francisco no estaba ni en los "Opúsculos" de Wadding (1623) ni entró en las ediciones críticas de Lemnens y Boehmer (1904). Pero fue aceptada por Esser (1976). El propio Wadding la incluyó en sus "Annales Minorum" (1625), diciendo que copiaba una Información de Fray Mariano de Florencia. También fue encontrada en un manuscrito del siglo XV que da un testimonio paralelo y muy interesante: la exhortación fue escrita por lo propio Francisco en una tabla que servía de piso del altar en uno de sus eremitorios. El mandó pintar algunas creaturas en la tabla y después escribió el texto. Más tarde tiraron la tabla y la expusieron como un cuadro. Fray Mariano la vio y copió. La otra copia (códice N7) también fue hecha así.

23. Alabanzas para todas las Horas
No hay duda en cuanto a la autenticidad de estas alabanzas que San Francisco rezaba antes de las horas canónicas; están en muchos manuscritos. La oración final es ciertamente original de él. Las otras alabanzas, como son hechos con textos litúrgicos bien conocidos, en general, no fueron copiados por entero en los manuscritos. Todo mundo las sabía de memoria y los copistas muchas veces se limitaban a dar las palabras iniciales. Por eso es difícil reconstruir con seguridad el texto original.

24. Oficio de la Pasión
Es una preciosa colección de quince Salmos y una antífona de Nuestra Señora que San Francisco compuso para celebrar todos los días, paralelamente al Oficio Divino, el misterio de Jesucristo. Trece Salmos son elaboración de él mismo, usando principalmente trozos de Salmos bíblicos. Ese "Oficio" no está contenido en muchos pergaminos medievales, pero no hay dudas en cuanto a su autenticidad. Los pergaminos no le daban título. Wadding inventó eso de "Oficio de la Pasión del Señor", que fue aceptado por Lemmens y Boehmer. En realidad, San Francisco celebra también la Pascua y todo el misterio de Jesús. Algunos autores consideraban que era un texto sin importancia, porque estaba hecho de retazos de Salmos conocidos. Pero justamente ahí reside su importancia: en la selección hecha por el Santo. La "Leyenda de Santa Clara" (30) dice que ella "aprendió el 'Oficio de la Cruz' hecho por San Francisco y lo recitaba con igual afecto". Es uno de los mejores escritos para demostrar la identificación de Francisco con Jesucristo.

25. Paráfrasis del Padre nuestro
Hubo muchas discusiones al respecto de este escrito. Se decía que, en aquel tiempo, eran muy comunes esas paráfrasis sobre el Padre nuestro, que además eran conocidas desde Orígenes y otros santos Padres. En realidad, todavía no ha sido descubierto ningún texto de otros autores realmente parecido con este de Francisco. No es una exposición sobre el Padre nuestro, es una oración ampliada, en que él va agregando todo lo que tiene en el corazón. Tampoco hace parte de las "Alabanzas para todas las Horas", como algunos afirmaban y que Esser desmintió definitivamente.

26. Bendición a Fray León
Este texto y el siguiente están en los dos lados de un pergamino de unos 10 x 14 cms. con la letra original del Santo. El pergamino está guardado en un relicario, en la basílica de Asís, por lo menos desde 1338. Después del "Cántico de las Creaturas", fueron los escritos que más merecieran estudios de los especialistas. Es interesante leer 2Cel. 49 (y el paralelo LM 9,9) para conocer su historia. La bendición, muy conocida, es una adaptación de Núm. 6,24-26.

27. Alabanzas al Dios Altísimo escritas para el hermano León
El texto autógrafo (en el billete a Fray León) está un poco desdibujado por el uso, pero lo que en el no se puede leer completamente se completa por la amplia tradición de los manuscritos medievales. Es una de las expresiones más bonitas y arrebatadas de las oraciones de alabanza de San Francisco y de su amor al Dios trinidad.

28. Saludo a la bienaventurada Virgen María
Las Fuentes, desde 2Cel. 198 y EP 55 hablan de la gran devoción de San Francisco por Nuestra Señora. Este "saludo", que tal vez sería mejor llamar "lauda" no consta en los pergaminos del siglo XIII, sin embargo es abundantemente testificado a partir del siglo XIV. Pero nunca nadie puso en duda su autenticidad. La idea que Nuestra Señora es una "Virgen hecha Iglesia" se basa en la teología patrística, que alimentaba la liturgia conocida y vivida por San Francisco. Muchos manuscritos escribieron "Virgen perpetua", pero el pensamiento de la lauda está construido sobre el de "Virgen hecha Iglesia".

29. Saludo a las Virtudes
La primera referencia a este escrito está en 2Cel. 189, donde recibe el nombre de "Loores sobre las virtudes". Pero su presencia es abundante en los códices medievales y no hay ninguna duda de su autenticidad. Es típico de Francisco llamar a las virtudes hermanas o señoras y más típico aún es su uso de las palabras cuerpo, carne, espíritu y mundo. Varios manuscritos relacionan este escrito con el "Saludo a la Virgen María", hablando de las "virtudes con que fue adornada la Santa Virgen y con las que debe ser adornada el alma".

30. Cántico de las creaturas
Este cántico ampliamente conocido hoy en día, es ciertamente una de las obras más estudiadas de San Francisco, y no hay ninguna duda de su autenticidad. Ya hay referencias preciosas en 1Cel. 80, en 2Cel. 165, en LM 8.6. En el "Espejo de Perfección" es interesante leer desde el Nº 115 hasta el Nº 120, pues da el texto. Pero el mejor texto es el del Cód. 338 de Asís. Ya en el siglo XIV muchos pergaminos daban el texto completo, independientemente de otros escritos.

31. Bendición a fray Bernardo
Una bendición dada por San Francisco, en su lecho de muerte, a su primer fraile, Bernardo de Quintavale. El episodio es muy conocido, especialmente por la "leyenda Perugina" 107-8 y EP 107, pero también es bueno ver 2Cel. 48.

32. Bendición a Santa Clara
El episodio es conocido en casi todas las fuentes que hablan de la bendición a Fray Bernardo. Viene inmediatamente después. El mejor texto está en EP 108. No se debe confundir esta bendición con las "palabras de exhortación" o con el "Oíd, pobrecillas", ni con la "Ultima voluntad a Santa Clara".

33. Testamento de Siena
Encontramos el episodio y el tema del Testamento en el EP 87 y en la LP 17. Varias otras fuentes del siglo XIV hablan de ello. Los estudiosos lo aceptan como auténtico porque nadie presentaría otro testamento de San Francisco sin una base histórica que fuese segura, una vez que el gran testamento ya era tan discutido.
El texto más seguro es el de la "Leyenda Perugina" 17.

34. Dictado de la Perfecta alegría
Conocido en el cap. 8 de las "Florecillas": basado en el cap. 7 de los "actus". Los dos están ciertamente arreglados. Wadding publicó un texto más antiguo. Después, fue encontrado en el pergamino conocido como cod FN, una versión más ruda, que es aceptada como más antigua. Sabatier la defendió. Es interesante leer 2Cel. 125 y la Adm. 5 para confrontar.

35. Carta a Fray Jacoba
Está en 3Cel. 37. Su autenticidad siempre fue aceptada y tenemos el relato en la "Leyenda de Perusa" 101 y en el "Espejo de Perfección 112. Los "Actus" llegan a dar todo el texto, pero es evidentemente una elaboración posterior. Nos quedamos con Celano.

36. Carta a los Boloñeses
Sólo está en la "Crónica" de Tomás de Eccleston, que cita un relato de Fray Martín de Barton: San Francisco escribió una carta, en mal latín, a los boloñeses prediciendo un terremoto. El asunto es tenido como auténtico.

37. Carta a los Frailes Franceses
También sólo es testimoniada por la "Crónica" de Tomás de Eccleston. Francisco escribe a los ministros a los frailes de Francia, exhortándolos a alabar a la Santísima trinidad.

38. Normas sobre el ayuno a Santa Clara
Se sabe de este escrito porque Santa Clara habla de él en su 3CtIn. Se refiere a un escrito y a consejos y mandamientos del Santo. Parece que estaba todo en un único pergamino. No tenemos el texto.
        "Antes que tu nacieras, te consagré y te destiné a ser profeta de las naciones" 
(Jer 1,5)


                                 ¿YO JUEGO COMO FRANCISCO PARA JESÚS Y TU?