IV DOMINGO DE ADVIENTO A (22 de diciembre del 2013)
Evangelio según San Mateo 1,18-24.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba
comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo
por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería
denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le
apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María,
tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu
Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de
Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor
había anunciado por el Profeta: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien
pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con
nosotros». Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le
había ordenado: llevó a María a su casa. PALABRA DEL SEÑOR.
REFLEXIÓN:
Queridos amigos en el Señor Paz y bien.
La Encarnación de
Jesús no estuvo carente de problemas y dificultades humanas. A nosotros todo
nos parece todo fácil. El Ángel anuncia a María. María acepta, pero ahora vienen
los líos con José su esposo. Sorpresivamente, José se da cuenta de que María
está embarazada, es consciente que él no ha convivido con ella. Por lógica
humana uno solo puede pensar en un adulterio, José no quiere pensar eso de
María, la conoce muy bien, pero tampoco puede negar la realidad lo que sus ojos están viendo.
¿Se dan cuenta del problema que se ganó José? ¿Quieren ustedes ponerse en una situación similar? Ponte que tú como novio, estas en la víspera de contraer el matrimonio y
que precisamente ahí te sorprendes que tu novia a quien tanto has amado te sale
con el cuento que ya está embarazada y el hijo no es precisamente para ti. ¿Qué
actitud tomarías como novio? O que tú como novia estas a punto de casarte y que
tu novio en las vísperas te sale con el cuento que ya espera un hijo y no es
contigo sino con tu amiga. ¿Irías aun en tales circunstancias alegremente al
altar con tu pareja? Pues, José esta exactamente envuelto en este lío. “José,
su esposo, que era un hombre justo no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto” (Mt 1,19).
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció
en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa,
porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará
a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su
Pueblo de todos sus pecados” (Mt 1,20-21) ¿Cree alguien que es fácil entender y
creer en ello cuando todos sabemos cómo se hacen los hijos y cómo vienen los
hijos al mundo?
Sin embargo, José al igual que antes María: El Ángel le
dijo: “No tengas miedo María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás
a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado
Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y
su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no
tengo relaciones con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo
descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso
el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,31-35). Ahora José cree y
se fía de la Palabra del Ángel (Mt 1,20-21). María creyó sin entender, José
también cree sin entender nada. Aquí todo se mueve en el plano de la Palabra y
de la fe en la Palabra de Dios.
¿Hoy, alguien cree ya en la Palabra? ¿Tú te fiarías de la
palabra de tu esposa o de tu hija? Aquí no hay documentos firmados. No hay
documentos notariales que atestigüen la veracidad de la palabra del Ángel; sin
embargo, aquí hay dos testigos de fe: María y José que creyeron sin ver,
creyeron en la Palabra de Dios, se fiaron de la Palabra de Dios sin exigir ni
firmas ni pruebas. María dijo al Ángel: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc
1,38). José obedeció a la palabra del Ángel y “se llevó a casa a su mujer” (Mt
1,24). Misterio de la palabra. Misterio de la fe. Creer fiándose sencillamente
de la Palabra de Dios, eso no hace cualquiera sino obedece al poder de la fe como obra de Dios.
Hay una figura en la Navidad que solemos destacar
relativamente poco, es la figura de José. Sí, le ponemos de rodillas delante
del Niño y poquito más. Sin embargo, es una de las figuras centrales de la
Navidad. Hay tres figuras que llenan todo el cuadro: El Niño, María y José, la
sagrada familia. José era bien bueno, era todo un hombre de Dios, era todo un
hombre de fe; sin embargo, pareciera que “Dios se la hizo”. ¿Se dan cuenta del
lío en que le metió María? Mejor dicho, el lío en que le metió Dios.
La lógica humana buscaría que en la anunciación debieron
estar presentes los dos tanto la Virgen como José y Dios se hubiera ahorrado líos.
Pero el Ángel se le aparece solo a María, no a José. La Anunciación de la
Encarnación es para María, y nadie cuenta y piensa en José. Pero la cosa no
podía ocultarse por mucho tiempo. Hasta que, un día, percibe la realidad de su
esposa María “embarazada”. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo entenderlo? ¿Qué hacer? Todo
un momento de angustia, de dudas, de incertidumbres encontradas. Sería el
momento de hacer el escándalo madre en Nazaret. ¡Qué talla de hombre! ¡Qué talla
de alma! ¡Qué talla de fe! Pero el sufrimiento nadie se lo podía quitar. ¡Y
vaya si era bueno! ¿Por qué le tenía que pasar esto a José? No resulta fácil
pasar por esa prueba de fe por la que pasa José y guarda silencio. Todo lo medita
en su ser interior.
Cuando el Ángel le revela la verdad de lo que ha sucedido,
la mente de José se doblega. El corazón de José se aviva y la serenidad cubre
la fama de María delante del pueblo. ¿Te imaginas a todas las mujeres de
Nazaret viéndola a María como una adúltera? Pues, veamos una escena de
adulterio:
“Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que
había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a
Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés,
en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?».
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús,
inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se
enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E
inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras,
todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó
solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer,
¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». Ella le respondió: “Nadie,
Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante”
(Jn 8,3-11). José quiso evitar este escándalo para su esposa María por eso
dice: “José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla
públicamente, resolvió abandonarla en secreto” (Mt 1,19). Pero, Dios corrige a José:
“Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le
dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que
ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un
hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de
todos sus pecados” (Mt 1,20-21).
Dios tiene una manera de hacer las cosas que desconcierta a
cualquiera. La Navidad comenzó en Nazaret con todo un problema entre José y
María. ¿Se merecían esto? Algo que no corre en nuestra lógica,
pero corre maravillosamente en la lógica de la fe, que es la lógica de Dios.
Los caminos de Dios nunca son fáciles, pero terminan siendo maravillosos. Ese
es el camino de cada uno de nosotros hacia la Navidad. De la oscuridad de la
fe, a la claridad de la fe.
San Pablo al respecto dice: “Cuando se cumplió el tiempo
establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para
redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la
prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el
Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo» ¡Abba!, es decir, ¡Padre!
(Gal 4.4-6). O como el profeta dice: “Dios puso su morada entre los hombres” (Ez 37,27). O como mismo Juan dice. “La palabra de Dios se hizo hombre y habito
entre nosotros” (Jn 1,14).
La encarnación del hijo de Dos es el despliegue
del amor hacia nosotros y con razón dice San Juan: “Tanto amó Dios tanto al mundo, que envió a su Hijo
único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque
Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve
por él” (Jn 3,16). Escena que el profeta lo resume con una idea maravillosa: "Aquí la señal que Dios da: La Virgen está embarazada y da a luz un hijo y le, ponen el nombre de Enmanuel que significa Dios-con-nosotros" (Is 7,14). Lo que quiere decir que Él se hizo lo que nosotros somos porque esta con nosotros, y para que nosotros seamos lo que Él es.
EL PRIMER PESEBRE LO EDIFICÓ SAN FRANCISCO DE ASÍS EN 1223
LA NAVIDAD DE GRECCIO CELEBRADA POR SAN FRANCISCO (1223)
Relato de Tomás de Celano (1 Cel 84-87)
Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo Francisco tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.
Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.
El santo de Dios viste los ornamentos de diácono, pues lo era, y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras.
Se multiplicaban allí los dones del Omnipotente; un varón virtuoso tiene una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. No carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por su gracia, por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.
Se conserva el heno colocado sobre el pesebre, para que, como el Señor multiplicó su santa misericordia, por su medio se curen jumentos y otros animales. Y así sucedió en efecto: muchos animales de la región circunvecina que sufrían diversas enfermedades, comiendo de este heno, curaron de sus dolencias. Más aún, mujeres con partos largos y dolorosos, colocando encima de ellas un poco de heno, dan a luz felizmente. Y lo mismo acaece con personas de ambos sexos: con tal medio obtienen la curación de diversos males.
El lugar del pesebre fue luego consagrado en templo del Señor: en honor del beatísimo padre Francisco se construyó sobre el pesebre un altar y se dedicó una iglesia, para que, donde en otro tiempo los animales pacieron el pienso de paja, allí coman los hombres de continuo, para salud de su alma y de su cuerpo, la carne del Cordero inmaculado e incontaminado, Jesucristo, Señor nuestro, quien se nos dio a sí mismo con sumo e inefable amor y que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Aleluya.
PARA TI MI QUERIDO(A) AMIGO(A) DE ESTE MEDIO PERMÌTEME EXPRESARTE UN SALUDO FRANCISCANO DE PAZ Y BIEN POR ESTAS FIESTAS DE NAVIDAD. QUE EL NIÑO JESÚS DERRAME BENDICIONES EN TU FAMILIA. ATTE. TU AMIGO FR JULIO CH.
Cómo, cambiado el
vestido, repara la iglesia de Santa María de la Porciúncula, y, oído el evangelio,
deja todas las cosas y se confecciona el hábito para sí y sus hermanos
21. Entre tanto, el santo de Dios, cambiado su vestido
exterior y restaurada la iglesia ya mencionada, marchó a otro lugar próximo a
la ciudad de Asís; allí puso mano a la reedificación de otra iglesia muy
deteriorada y semiderruida (38); de esta forma continuó en el empeño de sus
principios hasta que dio cima a todo.
De allí pasó a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía
una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen Madre de Dios (39), construida
en tiempos lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al
contemplarla el varón de Dios en tal estado, movido a compasión, porque le
hervía el corazón en devoción hacia la madre de toda bondad, decidió quedarse
allí mismo.
Cuando acabó de reparar dicha iglesia, se encontraba ya en
el tercer año de su conversión. En este período de su vida vestía un hábito
como de ermitaño, sujeto con una correa; llevaba un bastón en la mano, y los
pies calzados.
22. Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio (Lc
10,1-12.17-20) que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a
predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las
palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le
explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo
ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni
oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan,
ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y
la penitencia (40), al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del
Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo
que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica».
Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo
Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación
alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído. Al punto desata el
calzado de sus pies, echa por tierra el bastón y, gozoso con una túnica, se
pone una cuerda en lugar de la correa. Desde este momento se prepara una túnica
en forma de cruz para expulsar todas las ilusiones diabólicas; se la prepara
muy áspera, para crucificar la carne con sus vicios y pecados; se la prepara,
en fin, pobrísima y burda, tal que el mundo nunca pueda ambicionarla. Todo lo
demás que había escuchado se esfuerza en realizarlo con la mayor diligencia y
con suma reverencia. Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que,
confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin
tardanza (41).
LA TAU, CRUZ DEL
POBRE DE ASIS
La Tau «T» es la última letra del alfabeto hebreo.
Decimonona letra del alfabeto griego, que corresponde a la que en el nuestro se
llama «te». Pero es también una señal o signo, todo un símbolo.
San Francisco profesaba una profunda devoción al signo Tau,
del que habla expresamente el profeta Ezequiel (9,3-6) y al que se refiere
implícitamente el Apocalipsis (7,2-4). Con ella firmaba cartas y marcaba
paredes, y sanaba heridas y enfermedades. En el ánimo de Francisco pudieron
influir el discurso con que Inocencio III abrió el Concilio IV de Letrán, la
cruz en forma de tau que llevaban los monjes antonianos sobre el escapulario,
la liturgia y el arte sagrado, etc. Para el Santo, la Tau, como la cruz
cristiana, era signo de conversión y de penitencia, de elección y de protección
por parte de Dios, de redención y de salvación en Cristo.
Desde hace algunos decenios, se ha revalorizado el uso de la
Tau en la familia franciscana; se la ve frecuentemente en libros, revistas,
cuadros, etc., y la llevan sobre sí, como signo distintivo, muchos hermanos y
hermanas tanto de la Primera como de la Tercera Orden, sea ésta religiosa o
seglar. Para profundizar en su significado recogemos algunos textos:
Tratado de los milagros, de Celano: «La señal de la Tau le
era preferida sobre toda otra señal; con ella sellaba Francisco las cartas y
marcaba las paredes de las pequeñas celdas» (3 Cel 3).
Leyenda Mayor, de S. Buenaventura: «El hermano Pacífico...
mereció ver de nuevo en la frente de Francisco una gran Tau, que, adornada con
variedad de colores, embellecía su rostro con admirable encanto. Se ha de notar
que el Santo veneraba con gran afecto dicho signo: lo encomiaba frecuentemente
en sus palabras y lo trazaba con su propia mano al pie de las breves cartas que
escribía, como si todo su cuidado se cifrara en grabar el signo tau -según el
dicho profético- sobre las frentes de los hombres que gimen y se duelen (Ez
9,4), convertidos de veras a Cristo Jesús» (LM 4,9).
Cf. 2 Cel 106; 3 Cel 3 y 159; LM Pról 2; LM Milagros 10, 6 y
7; Lm 2,9; Ll 2.
Ezequiel 9,3-6: «Yahvéh llamó entonces al hombre vestido de
lino que tenía la cartera de escribano a la cintura, y le dijo: "Recorre
la ciudad, Jerusalén, y marca una tau en la frente de los hombres que gimen y
lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella". Y a los otros
oí que les dijo: "Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis
piedad, no perdonéis; matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta
que no quede uno. Pero no toquéis a quien lleve la tau en la frente. Empezad
por mi santuario"».
Apocalipsis 7,2-4: «Luego vi a otro ángel que subía del
Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro
ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar:
"No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que
marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios". Y oí el
número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de
los hijos de Israel» (Cf. Ap 9,4).
Inocencio III en el Concilio IV de Letrán el año 1215:
Después de describir la triste situación de los Santos Lugares hollados por los
Sarracenos, el Pontífice lamentó los escándalos que desacreditaban el rebaño de
Cristo y lo amenazó con los divinos castigos si no se enmendaba. Evocó la
famosa visión de Ezequiel, cuando Yahvéh, agotada la paciencia, exclama con voz
poderosa: «"Acercaos, vosotros que veláis sobre la ciudad; acercaos con el
instrumento de exterminio en vuestras manos". Y he aquí que seis hombres
llegaron con sendos azotes en sus manos. Entre ellos estaba un varón vestido de
lino, con recado de escribir a la cintura. Y díjole Yahvéh: "Recorre
Jerusalén, y señala con una TAU las frentes de los justos que se encuentren en
ella". Y dijo a los otros cinco: "Recorred la ciudad tras él, y
exterminad sin piedad a cuantos encontréis; mas no toquéis a ninguno que esté
señalado con la TAU". "¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis
varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres
conciliares, que, valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano:
excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar
implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se
obstinen en deshonrar la Cristiandad».- «En su discurso de Letrán, Inocencio
III había señalado con el signo Tau a tres clases de predestinados: los que se
alistaren en la cruzada; aquéllos que, impedidos de cruzarse, lucharen contra
la herejía; finalmente, los pecadores que de veras se empeñaren en reformar su
vida» (O. Englebert, Vida de S. Francisco de Asís. Santiago de Chile 1973, pp.
226 y 238).
El signo «tau» en la Biblia
En medio del nombre de fray León, entre la «e» y la «o» se
encuentra el trazo vertical de la letra tau, cuyas líneas transversales son más
cortas y finas.
El signo tau, poco conocido en la actualidad, es de origen
bíblico. En Ezequiel 9,3-4 Yahvéh le dice «al hombre vestido de lino que tenía
la cartera de escriba en la cintura» que marque con una taw la frente de los
hombres que gimen y lloran por todas las prácticas abominables que se cometen
en Jerusalén. En hebreo antiguo la taw tenía forma de cruz, a la manera de
nuestra «T» mayúscula. Era la última letra del alfabeto hebreo, y quienes no
sabían escribir la usaban como firma (cf. Job 31,35). También era una señal
protectora, como la «señal de Caín» (cf. Gén 4,15) y la sangre con que los
israelitas untaron las jambas de sus puertas la noche de la liberación de
Egipto (Ex 12,7).
El sentido vétero-testamentario de la letra hebrea taw pasó
en el Nuevo Testamento a la letra griega tau. San Juan tiene una visión en la
que escucha el mandato dado a los cuatro ángeles: «No causéis daño ni a la
tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente
de los siervos de nuestro Dios». Los marcados con el sello fueron 144.000, de
todas las tribus de Israel (Ap 7,2-8). Sólo podían dañar «a los hombres que no
llevaran en la frente el sello de Dios» (Ap 9,4). Aquí no se cita expresamente
la tau ni la cruz, pero se las da por supuestas. En todo caso, siempre se
entendió este pasaje relacionado con el de Ez 9. Los Padres de la Iglesia
vieron en el signo tau con que fueron marcados los salvados una imagen de la
cruz, signo de salvación. En esta línea de la tradición, san Buenaventura
interpreta a la luz de Ez 9,4 y de Ap 7,2 la predilección de Francisco por la
tau. Echando una mirada retrospectiva a la vida de Francisco, considera que su
misión fue la de «llamar a los hombres al llanto y luto, a raparse y ceñirse de
saco y a grabar en la frente de los que gimen y se duelen el signo tau, como
expresión de la cruz de la penitencia y del hábito conformado a la misma cruz»
(LM Pról 2b; cf. LM 4,9; Milagros 10,6-7).
La tradición de la
«tau» en tiempo de san Francisco
En esta devoción Francisco estuvo más influido por la
tradición contemporánea que por la Sagrada Escritura. El simbolismo de la tau
estaba de moda en su tiempo. Durante la inauguración del Concilio IV de Letrán
(1215), el papa Inocencio III predicó sobre Ezequiel 9 y llamó a todos los
cristianos a hacer penitencia bajo el signo de la tau, signo de conversión y señal
de la cruz.
Los antonianos, que se dedicaban sobre todo a la atención de
los contagiados por la peste, llevaban en el hábito la cruz antoniana, en forma
de tau.
Como posibles fuentes pictóricas de la veneración de la tau
hay que tener en cuenta sobre todo las ilustraciones de libros, especialmente
las pinturas del canon. Se llama «pintura del canon» la página del misal en la
que estaba pintado y adornado con una cruz el principio del canon latino: «Te
igitur, clementissime Pater...» La «T» del «Te igitur» se convirtió con
frecuencia en una cruz grande y polícroma, cuyo madero vertical se unía con el
travesaño al igual que la «T» mayúscula, o subía hasta más arriba formando una
cruz latina. Este segundo caso podemos verlo en el misal de San Nicolás, que
Francisco, Bernardo y Pedro Cattani consultaron por tres veces, deseosos de
conocer lo que Dios quería de ellos (cf. TC 28-29).
La «tau» trazada por
Francisco
La taw hebrea, o la tau griega, estaban por tanto de moda.
Para Francisco era, igual que la cruz, el signo de la salvación y de la
redención. Y así como la salvación se llevó a cabo mediante la cruz, con
sufrimientos y dolores, así también el discípulo de Jesús está llamado a seguir
el camino de la cruz. De acuerdo con la llamada del Papa al inicio del
Concilio, la tau fue para Francisco un signo especial de renovación y
penitencia, que empleó en distintas circunstancias. «La señal de la tau le era
preferida sobre toda otra señal; con ella sellaba las cartas y marcaba las
paredes de las pequeñas celdas» (3 Cel 3).
Quien visite Fonte Colombo, el «Sinaí franciscano», podrá
observar en la capilla de la Magdalena, a la izquierda del altar, una tau
pintada en rojo en el intradós de la ventana. Con buenas razones, la tradición
atribuye esta pintura a san Francisco. La terminación gruesa de los extremos
del travesaño es una muestra de cómo se escribía a principios del siglo XIII.
La tau tiene en ese lugar un significado muy apropiado, pues está indicando que
Magdalena es la penitente.
Las taus iniciales de las «pinturas del canon» nos hablan
claramente de la vinculación de la obra de la redención con la eucaristía. De
esta vinculación, así como de la reforma eucarística deseada por Francisco, nos
habla también la tau colocada por él como firma de la primera Carta a los Clérigos,
que puede verse en el Misal de Subíaco. Por ello las ediciones de los escritos
de Francisco deberían reproducir la tau al final de la 1CtaCle, como hacen al
reproducir la BenL.
Esa manera de actuar de Francisco en las dos ocasiones
citadas no es nada extraordinario; ya había actuado así antes. La tau es un
signo preferido desde antes de dedicarle el pergamino a fray León. Precisamente
por ello puede fray León entender la tau en el sentido en que la entiende
Francisco y tener en gran estima, como un autógrafo, el pergamino que contiene
la bendición. Lleva la letra manuscrita e inconfundible de Francisco.
La cabeza debajo de
la «tau»
El dibujo que aparece en ese pergamino debajo de la tau no
tiene un significado tan unívoco como ésta. El madero vertical de la tau parece
salir de la boca abierta de una cabeza humana; es decir, la cruz brota como de
la boca, lo cual podría ser una alusión a la proclamación de la conversión y de
la cruz. Los contornos imprecisos del dibujo han dado pie a muchas interpretaciones,
no siempre acertadas. Vale la pena tomar en serio dos de ellas, que son las que
prevalecen hoy en día: una considera que el dibujo es la calavera de Adán; la
otra afirma que es la cabeza de fray León.
La Legenda aurea, compilada por el dominico Jacobo de
Vorágine († 1298), transmite, entre otras, la siguiente leyenda, conocida desde
la alta Edad Media y llena de profundo significado: la cruz de Cristo fue hecha
con madera del mismo árbol en el que pecó Adán, y fue levantada en el mismo
lugar en que se hallaba el sepulcro de Adán. Mediante la sangre que brotó de la
cruz fue redimido Adán y, con él, todo el género humano. Esta interpretación de
la relación entre la redención y el pecado original, teológicamente
irreprochable, podemos encontrarla también en el arte. Desde el siglo VI el
arte representa el tema de «Adán bajo el Gólgota». En la catedral de Espoleto
puede verse un crucifijo pintado en 1180 que reproduce la siguiente escena: en
el lado derecho e izquierdo del Crucificado están de pie María y Juan; bajo los
pies de Cristo está pintada la calavera de Adán; la sangre que brota de las
llagas de los pies de Jesús se derrama sobre la cabeza de Adán.
Si Francisco no había oído hablar de esta leyenda de la
cruz, es bien probable que la conociera -hombre de aguda vista como fue-
gracias a las obras de arte. Por eso lo más probable es que lo que dibuje
debajo de la tau sea la calavera de Adán. Quería así, con su dibujo más bien
insinuado que claro, manifestar que toda la descendencia de Adán había sido
redimida por Jesucristo, el segundo Adán. «También tú, hermano León -le dice-,
eres uno de los redimidos».
El dibujo puede entenderse, así mismo, como una reproducción
de la cabeza de fray León. Y esto sería exactamente igual de significativo,
pues es a él personalmente a quien Francisco bendice. Refiriéndose a Ez 9 y Ap
7, Francisco entiende la tau como el sello de los elegidos. Quien vive en esta
vida bajo el signo de la conversión (tau), está marcado, ya desde ahora, en
calidad de siervo de Dios, con el sello de los salvados (tau). Francisco quería
consolar al atribulado León, asegurándole: «El sello de la cruz está marcado
sobre tu frente, pues formas parte de los auténticos convertidos y, por tanto,
de los que serán salvados».
Estas dos interpretaciones pueden armonizarse entre ellas.
No se excluyen, sino que se complementan. Puesto que la humanidad ha sido
redimida por Cristo, también León ha sido redimido. Es un pecador, como Adán,
pero lo limpia la sangre del Redentor. Es uno de los «varones penitentes de la
ciudad de Asís» (TC 37c) y, como Francisco, vive bajo el signo de la tau, de la
conversión y de la redención, de la solidaridad y la oración en común.
Bendiciendo personalmente a fray León y trazando sobre él el signo de la cruz,
le expresa y le entrega la fuerza salvadora que brota de ese signo de
salvación.
Tal como fray León interpretó el dibujo de debajo de la
bendición, las palabras y los hechos de Francisco fueron para él un signo de
consuelo. Y lo son también para nosotros. Aunque no llevemos grabadas
visiblemente las llagas del Crucificado, como Francisco, sí las llevamos
internamente. A todo aquel que se deja herir en nombre de Cristo y carga con su
cruz, Francisco le dice lo mismo que le dijo a fray León: «También tú estás
marcado con la cruz de Cristo y, por tanto, bendecido. Eres propiedad de Dios y
estás bajo su protección».
Así, todos los que procuran seguir a Cristo en las
dificultades de la vida, pueden percibir cómo la bendición de san Francisco va
también dirigida a ellos y cómo los marca con la tau. Y cada uno y cada una
puede considerar: «Esta tau es la cruz, el signo de Jesucristo, el Cordero
sacrificado. Mediante su cruz he sido salvado también yo. Puedo contarme entre
los que han sido marcados con ella.
LA BENDICIÓN DE SAN
FRANCISCO DE ASÍS
El pergamino de 14 por 10 centímetros que Francisco le
regaló a fray León, está escrito por las dos caras. En el reverso de las
Alabanzas de Dios se encuentra la siguiente bendición: «El Señor te bendiga y
te guarde; te muestre su faz y tenga misericordia de ti. Vuelva su rostro a ti
y te dé la paz. El Señor te bendiga, fray León».
Debajo de esta bendición de Francisco, fray León añadió en
tinta roja las siguientes palabras: «El bienaventurado Francisco escribió de su
propia mano esta bendición a mí, fray León». Y más abajo añade: «De manera
semejante hizo de su propia mano este signo Tau, y la cabeza».
El texto de la Bendición a fray León (Ben L) escrita por
Francisco reproduce casi al pie de la letra la bendición de Aarón, del libro de
los Números (Núm 6,24-26). Lo que Francisco añadió al texto bíblico-litúrgico
fueron unas pocas palabras, pero muy importantes, por ser suyas propias: «¡El
Señor te bendiga, fray León!» Francisco expresa con toda sencillez su deseo de
bendición al atormentado compañero.
Dios dijo también a Moisés: “Di a Aarón y a sus hijos: Así
bendecirán a los hijos de Israel. Dirán: ¡Dios te bendiga y te guarde! Dios
haga resplandecer su rostro sobre ti y te mire con buenos ojos! ¡Dios vuelva
hacia ti su rostro y te dé la paz.» (Num 6,24-26).
Cuando os llegue esta carta ya se habrá hecho público mi
nombramiento de Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida
Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, por parte de Su Santidad el Papa
Francisco. Quiero, en estos momentos, compartir algunos sentimientos con
vosotros, mis queridos hermanos.
El primer sentimiento de inmensa gratitud va al Padre de las
misericordias por la bondad que me ha manifestado durante todos estos años.
Desde las entrañas maternas me eligió y me llamó. Me dio el regalo de unos
padres, Ángel y Celia, a los que no solo debo la vida, sino también una
educación en la fe, lo que permitió que, desde muy joven, me sintiese llamado a
la vida franciscana y sacerdotal y que me permitió responder con gran
entusiasmo y generosidad a dicha llamada. Ellos, con su ejemplo de trabajo y de
amor por el Señor, me sostuvieron siempre en este camino y fueron verdaderos
formadores en el seguimiento de Cristo. A ellos se unieron mi hermana, mi
cuñado y mis sobrinos, a los cuales debo tanto en mi vida humana, franciscana y
sacerdotal. Más tarde, desde cuando tenía diez años y medio, el Señor me dio
los hermanos franciscanos que me acogieron y me formaron, primero en mi
Provincia de origen, Santiago de Compostela, y luego en la Custodia de Tierra
Santa. Los hermanos de mi Provincia me mostraron su confianza al asignarme
oficios de gran responsabilidad, principalmente en el campo de la formación y
de gobierno, luego los hermanos de la Orden harían otro tanto, eligiéndome
Definidor, Secretario general para la Formación y los Estudios, y Ministro
general. Y en todo este tiempo no dejé de sentir la mano del Señor que me protegía
y la confianza de los hermanos que no vino a menos, a pesar de mis debilidades.
Por todo ello no cesaré de agradecer al Señor su bondad y misericordia para
conmigo.
Un gracias particular quiero dar a los hermanos que me han
formado, muchos de ellos ya en la casa del Padre, y a aquellos con los cuales
he compartido responsabilidades de animación y de gobierno, primero en mi
Provincia y luego en la Orden. Gracias a ti, querido hermano Giacomo Bini por
tu cercanía y tu amistad, en estos años. ¡De ti aprendí tanto! Gracias a
vosotros hermanos Definidores del primer o segundo sexenio de mi servicio como
Ministro. Con vosotros no me resultó difícil colaborar. Siempre habéis sido
comprensivos con mis limitaciones y siempre confiasteis en mí. Gracias a mis secretarios
particulares, principalmente a Fr. Francisco Javier Arellano, fiel hermano y
colaborador, y a los hermanos de la Curia general, sin los cuales me hubiera
sido imposible la animación y gobierno de la Fraternidad universal. Gracias a
vosotros hermanos todos de la Orden. Con vosotros he sufrido y con vosotros he
gozado. Con vosotros he sobrellavado las fatigas y las alegrías de nuestra
vida. ¡Qué gran alivio ha sido para mí saberme acompañado de los casi 15.000
hermanos de la Orden! Tal vez haya sido mucho lo que os he dado en estos 10
años de Ministro y 6 de Definidor y Secretario para la Formación y los
Estudios, pero ciertamente mucho, muchísimo más, ha sido lo que de vosotros he
recibido. ¡Gracias de verdad! ¡Habéis sido para mí un gran regalo, un gran don!
Ahora que me separo temporalmente de vosotros, os lo suplico, besándoos los
pies, seguid siendo para mí soporte y bendición con vuestra oración y con el
don de vuestra fraternidad y amistad.
Con la acción de gracias no puedo menos de reconocer mis
limitaciones. Si es verdad, y lo es, que al que mucho se le dio mucho se le
pedirá, en estos momentos siento más fuerte que nunca el peso de mis
debilidades, por lo que pido perdón. Primero a Dios, que me ha de juzgar y que
me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo, y luego a vosotros, mis
queridos hermanos a los que prometí servir desde la lógica del don sir
reservas. Perdonadme cuantas veces os haya podido ofender. Poniendo mi vida
ante el Señor os puedo asegurar que nunca he querido faltaros y que nunca he
querido caer en favoritismos. Si la humildad es la verdad, os puedo asegurar,
con gran humildad, que siempre y en todo momento he intentado el bien de la
Orden, sin pensar en mí ni en lo que pudieran decir unos y otros. También
confieso que siempre he intentando hacer yo mismo lo que os pedía que
hicierais. Si no lo he logado, me confío a la misericordia del Señor y a
vuestra fraterna comprensión.
En estos momentos siento en mi corazón un doble sentimiento:
de alegría y de tristeza. Alegría porque el Señor sigue confiando en mí y
porque el Santo Padre, mi “Señor Papa” Francisco, me confía una gran
responsabilidad al servicio de la vida religiosa y consagrada, signo también de
su confianza en mi persona y en la Orden. Tristeza porque os voy echar de
menos, mis queridos hermanos. Me vais a faltar. Me faltará vuestra compañía en
la oración, en el recreo, en las comidas, en todo momento. Me faltarán vuestros
sabios consejos y vuestra mano tendida en cualquier necesidad. Os voy echar de
menos… Me consuela que seguiré trabajando por la vida que amo, porque es la
mía: la vida religiosa y, por lo tanto, también por la vida franciscana.
Sentidme a vuestro servicio. En cualquier ocasión que lo consideréis
conveniente no dudéis en recurrir a mí y, dentro de mis limitadas
posibilidades, me encontraréis disponible, aunque solo sea para caminar con
vosotros.
Mi ordenación episcopal está prevista para el 18 de mayo,
víspera de Pentecostés. Será en Santiago de Compostela. Me ordenará Su
Eminancia el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad. Me
gustaría ese día teneros a todos físicamente conmigo. Sé que no es posible. Por
ello os pido un recuerdo en la Eucaristía y en vuestra oración. La necesito.
Orad por mí, como yo oro por vosotros.
Es mi última carta firmada como vuestro Ministro y siervo.
Con ese sentimiento, y con profunda emoción, os bendigo en el Seráfico Padre.
El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbia, el terrible lobo, rabioso, ha asolado los alrededores; cruel ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños.
Fuertes cazadores armados de hierros fueron destrozados. Los duros colmillos dieron cuenta de los más bravos perros, como de cabritos y de corderillos.
Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz, alzando la mano, al lobo furioso dijo: ?¡Paz, hermano lobo! El animal contempló al varón de tosco sayal; dejó su aire arisco, cerró las abiertas fauces agresivas, y dijo: ?¡Está bien, hermano Francisco! ¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas de horror y de muerte? ¿La sangre que vierte tu hocico diabólico, el duelo y espanto que esparces, el llanto de los campesinos, el grito, el dolor de tanta criatura de Nuestro Señor, no han de contener tu encono infernal? ¿Vienes del infierno? ¿Te ha infundido acaso su rencor eterno Luzbel o Belial? Y el gran lobo, humilde: ?¡Es duro el invierno, y es horrible el hambre! En el bosque helado no hallé qué comer; y busqué el ganado, y en veces comí ganado y pastor. ¿La sangre? Yo vi más de un cazador sobre su caballo, llevando el azor al puño; o correr tras el jabalí, el oso o el ciervo; y a más de uno vi mancharse de sangre, herir, torturar, de las roncas trompas al sordo clamor, a los animales de Nuestro Señor. Y no era por hambre, que iban a cazar. Francisco responde: ?En el hombre existe mala levadura. Cuando nace viene con pecado. Es triste. Mas el alma simple de la bestia es pura. Tú vas a tener desde hoy qué comer. Dejarás en paz rebaños y gente en este país. ¡Que Dios melifique tu ser montaraz! ?Está bien, hermano Francisco de Asís. ?Ante el Señor, que todo ata y desata, en fe de promesa tiéndeme la pata. El lobo tendió la pata al hermano de Asís, que a su vez le alargó la mano. Fueron a la aldea. La gente veía y lo que miraba casi no creía. Tras el religioso iba el lobo fiero, y, baja la testa, quieto le seguía como un can de casa, o como un cordero.
Francisco llamó la gente a la plaza y allí predicó. Y dijo: ?He aquí una amable caza. El hermano lobo se viene conmigo; me juró no ser ya vuestro enemigo, y no repetir su ataque sangriento. Vosotros, en cambio, daréis su alimento a la pobre bestia de Dios. ?¡Así sea!, contestó la gente toda de la aldea. Y luego, en señal de contentamiento, movió testa y cola el buen animal, y entró con Francisco de Asís al convento.
*
Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo en el santo asilo. Sus bastas orejas los salmos oían y los claros ojos se le humedecían. Aprendió mil gracias y hacía mil juegos cuando a la cocina iba con los legos. Y cuando Francisco su oración hacía, el lobo las pobres sandalias lamía. Salía a la calle, iba por el monte, descendía al valle, entraba en las casas y le daban algo de comer. Mirábanle como a un manso galgo. Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo, desapareció, tornó a la montaña, y recomenzaron su aullido y su saña. Otra vez sintióse el temor, la alarma, entre los vecinos y entre los pastores; colmaba el espanto los alrededores, de nada servían el valor y el arma, pues la bestia fiera no dio treguas a su furor jamás, como si tuviera fuegos de Moloch y de Satanás.
Cuando volvió al pueblo el divino santo, todos lo buscaron con quejas y llanto, y con mil querellas dieron testimonio de lo que sufrían y perdían tanto por aquel infame lobo del demonio.
Francisco de Asís se puso severo. Se fue a la montaña a buscar al falso lobo carnicero. Y junto a su cueva halló a la alimaña. ?En nombre del Padre del sacro universo, conjúrote ?dijo?, ¡oh lobo perverso!, a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal? Contesta. Te escucho. Como en sorda lucha, habló el animal, la boca espumosa y el ojo fatal: ?Hermano Francisco, no te acerques mucho... Yo estaba tranquilo allá en el convento; al pueblo salía, y si algo me daban estaba contento y manso comía. Mas empecé a ver que en todas las casas estaban la Envidia, la Saña, la Ira, y en todos los rostros ardían las brasas de odio, de lujuria, de infamia y mentira. Hermanos a hermanos hacían la guerra, perdían los débiles, ganaban los malos, hembra y macho eran como perro y perra, y un buen día todos me dieron de palos. Me vieron humilde, lamía las manos y los pies. Seguía tus sagradas leyes, todas las criaturas eran mis hermanos: los hermanos hombres, los hermanos bueyes, hermanas estrellas y hermanos gusanos. Y así, me apalearon y me echaron fuera. Y su risa fue como un agua hirviente, y entre mis entrañas revivió la fiera, y me sentí lobo malo de repente; mas siempre mejor que esa mala gente. y recomencé a luchar aquí, a me defender y a me alimentar. Como el oso hace, como el jabalí, que para vivir tienen que matar. Déjame en el monte, déjame en el risco, déjame existir en mi libertad, vete a tu convento, hermano Francisco, sigue tu camino y tu santidad.
El santo de Asís no le dijo nada. Le miró con una profunda mirada, y partió con lágrimas y con desconsuelos, y habló al Dios eterno con su corazón. El viento del bosque llevó su oración, que era: Padre nuestro, que estás en los cielos...
ESCRITOS SOBRE SAN FRANCISCO DE ASIS EN EL CONTEXTO DE NUESTRA COYUNTURA
Los "Escritos" de San Francisco no deben ser entendidos como un
programa presentado por él, al modo de definiciones de lo que él pensaba y
quería que los otros pensasen. No tenemos que entender a Francisco de forma
abstracta, porque élnoesunintelectual.Lo
que escribióeslasobreabundanciadeloquesentíadelantedeDiosy delaspersonas.A Dios locelebra,a loshombreslosexhorta.
PeroesclaroquenopodemosquedarnossóloconlosEscritos.Todaslas"Fuentes"exigen unalecturaatentay crítica,sonnecesariasparaentendera Franciscoensutiempo,ensu tierra;untiempo y una tierra que
él vivió como intensamente suyos. Y todos los otros estudios que nosaludena conocerelhombremedievalsontambiénfundamentales.
LosEscritosdeSanFranciscoqueposeemos hoy son poco más detreinta.Podemosdecirque sontreintay ocho.Haydiversasformasdeagruparlosy decontarlos.Proponemoslasiguiente:
A. Exhortaciones (son 3):
1.Amonestaciones
2.Testamento
3.Cántico"Oid,pobrecillas"
B. Textos de propuesta de vida o legislativos (son 6):
4.ReglaNoBulada
5.ReglaBulada
6.ReglaparalosEremitorios
7.FormadeVidaparaSantaClara
8.UltimaVoluntada SantaClara
9.FragmentosdeotraReglaNoBulada
C. Cartas (son 11):
10.Primera Cartaa losFieles
11.Segunda Cartaa losFieles
12.Primera Cartaa losCustodies
13.Segunda Cartaa losFieles
14.Primera Cartaa losClérigos
15.Segunda Cartaa losClérigos
16.Cartaa todalaOrden
17.Cartaa unMinistro
18.Cartaa losGobernantesdelosPueblos
19. Carta a Fray León
20. Cartaa sanAntonio
D. Oraciones (son 10):
21.OraciónanteelcrucifijodeSanDamián
22.Exhortacióna laalabanzadeDios
23.AlabanzasparatodaslasHoras
24.OficiodelaPasión
25. Paráfrasis del Padre Nuestro
26. Bendición a Fray León
27. Alabanzas al Dios Altísimo
28. Saludo a la Bienaventurada Virgen María
29. Saludo a las Virtudes
30. Cántico de las Criaturas
E. Fragmentos en otros libros:
31.BendiciónalhermanoBernardo
32.Bendicióna SantaClara
33.TestamentodeSiena
34.DictadodelaVerdaderay PerfectaAlegría
35.Cartaa FrayJacoba
36.Cartaa losBoloñeses
37.Cartaa losFrailesFranceses
38.Normassobreelayunoa
SantaClara
Másadelantevamosa hacerunapresentación decadaunodeestosescritos.Quedaráexplicado,entonces, porque hay otras
formas de agrupar y contar los Escritos de San Francisco.
No auténticos o inseguros
En la última edición de los escritos, hecha por Kajetan Esser
en 1976, presenta como dudosos o seguramente no auténticos 24 textos que antes
habían sido atribuidos a San Francisco. Pertenecen a este grupo: las cartas a
Fray Angelo de Pisa, a Fray Bernardo, a Fray Elías, a la condesa Juana, al
eremitorio de Porto Vegla; las oraciones "Absorbeat" (que las "Fonti
Francescane" italianas consideran auténticas), "Sancta Dei Genitrix Maria", la
"Oración Simple porlaPaz"(quesurgióenFranciaen1914)y otrasoraciones,pero
principalmentela"Regladeloshermanosy hermanasdelapenitencia",queanteriormentehabíasidoincluidaporelpropioEsserensulibritodelos"Opúsculos".
b) El códice B. 24 de la Biblioteca Vallicelliana en Roma
Pertenecía a la Abadía benedictina del Subiaco y contiene un
misal en que se transcribió (entre los años 1219 y 1238) la "Primera Carta a los
Clérigos". Es el códice más antiguo con un escrito de San Francisco. Contiene el
signo de la "tau con la cabeza", como la bendición a Fray León.
Tambiénesconocidacomocolección
"Facsecundumexemplar",porsuprólogo.Eseltrabajo deun fraile que hacia el año 1340,
reunió informaciones sobre San Francisco que no constaban enla"LeyendaMayor".
C) El grupo de la Porciúncula
Son ocho Manuscritos hechos por copistas profesionales,
provenientes de conventos de la estrictaobservanciaenItaliacentral.SondelsigloXIV,unodeellosciertamentedeantesde1370.
d) El grupo del norte o de la provincia de Colonia
Sononcemanuscritos,tambiénhechosporcopistasprofesionales,perodefueradelaOrden:canónigosregulareso crucíferosdeRenaniao delosPaísesBajos.Sondefines del siglo
XIV o delcomienzodelXV.
Hay también algunas colecciones conservadas en códices del
siglo XIV y XV. La más importante está guardada en el Antonianum de Roma. En
Oxford guardan el códice 525, escrito entre 1384 y 1385. En la Biblioteca
Guarnaci, de Volterra está el códice 225. En la Biblioteca Vallicelliana de Roma
está el códice B131. Numerosos manuscritos transcriben sólo uno o dos Escritos,
generalmente la "Regla Bulada" y el "Testamento". Todos esos pergaminos fueron
descubiertos en los últimos años del siglo XIX o en el siglo XX.
EL"Oid,Pobrecillas"sólofueencontradoen1976.
Ediciones impresas
Enlostiemposmodernos,lasedicionesdelosEscritosestánligadasalnombredealgunos estudiosos que las
publicaron. Vamos a presentar: 1) Lucas Wadding, 2) Paul Sabatier, 3) Lemmensy Boehmer,4)KajetanEsser.
Laprimeraediciónorganizadafuehechaen1632porLucasWadding,elfraileirlandés quepublicó los
"Annales Minorum". Fue él quien por primera vez uso la palabra "Opúsculos",
después ampliamente adoptada. Opúsculos quiere decir "obritas", por eso
preferimos hablar siempre de "Escritos" de San Francisco.
El libro de Wadding tenía 710 páginas de tamaño gigante.
Recogió junto con los escritos propiamente dichos discursos, alocuciones,
exhortaciones, oraciones. Era una edición preciosaperoconfusa.Encasitressiglos,tuvomuchastraduccionesy muchosresúmenes,hastaqueloseditoresmodernossededicarona estudiarloqueerarealmenteauténticoy lo queeraapócrifo.
En el final del siglo XIX, cuando el mundo occidental estaba
sumergido en el positivismo, y en el laicismo, Paul Sabatier, un pastor
protestante francés, discípulo de Renán, hizo surgir una nueva primavera al
publicar una "Vida de San Francisco", en 1893. El estaba dedicado al estudio
científico de los pergaminos que hablaban de San Francisco y revolucionó las
búsquedas franciscanas, ya entonces bastante insatisfechas con el trabajo de
Wadding, que incluía en pie de igualdad obras legítimas y tantos otros escritos
inseguros o ciertamente expúreos.
Las sucesivas publicaciones de Sabatier, siempre ampliamente
acogidas o discutidas, animaron a otros estudiosos a salir al campo para rever
los Escritos de San Francisco y sus Fuentes históricas. La "Cuestión
Franciscana" movilizó a mucha gente en Europa.
Fue así que nacieron las primeras ediciones críticas de los
"Escritos", ampliamente esperadas. Pero esto aconteció sólo a comienzos del
siglo XX.
3. Lemmens y Boehmer (1904)
En menos de cuatro meses, en 1904, fueron publicadas dos
ediciones críticas: la de Lemmens y la de Boehmer.
El franciscano Leonardo Lemmens publicó su "Opuscula sancti
patris Francisci Assiensis sec, codices mss, emendata et denuo edita PP.
Collegii S. Bonaventurae ad Claras Aquas", en Quaracchi, cerca de Florencia.
Trabajó sobre el códice 338 de Asís comparándolo con otros manuscritos, en
número bastante reducido, todos pertenecientes al grupo de la Porciúncula. Como
se limitó a los escritos en latín, no incluyó, el "Cántico de las Creaturas",
cuyo original era en italiano y estaba en el códice 338.
Heinrich Boehmer era un laico, tenido como uno de los más
calificados estudiosos de la Universidad de Tubinga. La obra salió dentro de las
"Analekten zur Geschichte des Franciscus von Assisi". Tenía 146 páginas, sin
contar las 72 de introducción. Presenta la historia de losEscritos,laedicióndeWaddingy distinguelosdiversosescritosdelSanto. UsóprincipalmentelosManuscritosdelacoleccióndeAvignon,60códices.ParaEl,la RegladelaOrdenTerceranoerayaundocumentoauténtico.
4. Kajetan Esser OFM. la edición critica
(1976-1989)
Enlosprimerosdeceniosdeestesiglo,losinvestigadoresencontrabanprácticamenteun manuscritofranciscanopormes:o delasfuenteshistóricaso delosEscritos.Estabanempeñados en resolver la
"Cuestión Franciscana". El resultado fue un conocimiento cada vez más acabado de
los Escritos.
Quien más se destacó en el estudio de los Escritos y de los
orígenes franciscanos fue KajetanEsserOFM(1913-1978),delaProvinciadeColonia.Hizounatesisdedoctoradosobre el"Testamento".Paraeso,comparóunoporunotodoslospergaminosquecopiabanel"Testamento".Descubrióasíladependenciaentrelosdiversoscódicesy estableciólasbasesparaunaedicióncritica.ContinuóconelestudiodetodoslosEscritosdeSanFrancisco.
La obra de Esser fue editada en alemán, con un tiraje bien
reducido. en 1978, salió una ediciónmenor,enlatín,reduciendoelaparatocríticoalmínimo,parausodelosalumnos.
Sirviódebaseparanumerosastraduccionesa laslenguasmodernas.
Para tener una idea de cómo se hace una edición crítica
Lofundamentalesestudiartodoslospergaminosantiguosparallegara
estableceruntexto seguro, es decir, lo más próximo posible al
que fue escrito en tiempo de San Francisco.
La gente podría decir que "cuanto más antiguo el pergamino, más
próximo es al texto verdadero". Pero ese principio, aunque válido, y que hace
que el códice 338 de Asís sea muy respetado, no es siempre una garantía. Un
documento más reciente puede haber copiado más fielmente un texto antiguo que
una copia intermedia. Por eso, sólo para tener una idea, veamos algunas
reglasquehansidoestablecidas:
Cuandountextocomparadoconotro,muestraquelefueronhechascorreccionesparaque ellatín quedase mejor o se le
librase de expresiones italianas, se confía más en el texto sin
correcciones.
Cuando un texto fue corregido quedando más parecido con una
fórmula casi decorada, por ejemplo, por la lectura constante de la Regla o del
testamento, es preferible la forma diferente.
La Orden evolucionó bastante. A veces, los copistas ya no
entendían más algunas cosas sobreunavidafraternao costumbresantiguasy corregíandeacuerdoconlascostumbresde sutiempo.Unbuenconocimientodelahistoriapuedeayudara restablecereltextocorregido,encontradoenalgunascopias.
A veceslascorreccionesfueronhechasporqueellenguajeteológicodeFranciscoy el de sus compañeros es anterior a la Escolástica. En
este caso, es más antiguo el texto menos correcto, o con lenguaje ciertamente
mas antiguo.
San Francisco usaba una prosa desprolija, normalmente sin
belleza de estilo. Entre un pergamino que tiene un texto más bonito y otro con
un lenguaje más rudo, es preciso optar por el memos
bonito.
La edición de Esser
Esser presentó los Escritos de San Francisco en orden
alfabético. Pero es claro que el orden alfabético de los títulos en latín se
torna completamente diferente en otras lenguas. Como tampoco da para usar el
orden cronológico, porque no se sabe exactamente la fecha en que fue redactado
cada escrito. Hay diversas tentativas de distribuir los Escritos por grupos como
nosotros hicimos (exhortaciones, legislativos, cartas...), pero esto tampoco es
fácil.
En la edición de Esser hay una sección de "Opúsculos dictados".
Se trata de escritos cuya redacción no es conocida a través de manuscritos que
los presenten como tales. Están sólo en las fuentes biográficas, como noticia:
el autor dice que San Francisco dicto algún tema y lo menciona, sin pretender
que el texto fuera exactamente así: lo que se garantiza es que el tema es
auténtico, no el texto con todas sus palabras. El problema es que, sobre esa
base, podrían coleccionarse muchos otros "dichos y palabras" de San Francisco.
Preferimos llamarlos "Fragmentos encontrados en otros libros".
Es preciso saber que la mayor parte de los "Escritos" fueron
dictados. San Francisco sabía mal el latín y llamaba a frailes que supiesen
escribir. Pero después él reveía, corregía y, por eso, textos como el
"Testamento" o el "Cántico de las Creaturas", ciertamente dictados, pueden ser
aceptados como escritos por Francisco. De forma amplia, lo importante es saber
que los Escritos que presentamos son del mismo San Francisco, aunque en varios
puedan haber colaborado algunos de sus compañeros. En general, cada palabra fue
aceptada por Francisco, que era cuidadoso en estos asuntos.
En 1989, Fray Engelbert Grau OFM, hizo una segunda edición de
la obra de Esser (que había muerto en 1978). Las novedades son un índice
bibliográfico, La presentación del "Oid, pobrecillas" (que fue encontrado sólo
en 1976) Y una nueva forma de presentar la "Primera Carta a los
Fieles".
Una nueva edición
En 1995 las "Edizioni Porziuncola", de Asís, presentaron una
preciosa contribución a los estudios. Son las FONTES FRANCISCANI, es decir la
Fuentes Franciscanas en latín. Un solo volumen, con 2.581 páginas en papel
biblia que trae todas las Fuentes más importantes, con preciosas introducciones
actualizadas. Están incluidos hasta los "Actus beati Francisci et sociorum eius"
y también los "Escritos" la "legenda" y el "Proceso" de Santa Clara. Está
prometido un nuevo volumen con las "Crónicas" y otros Documentos que están
faltando.
Los que pueden leer los textos en lengua original y en la
versión critica, no necesitan mas estar juntando libros, a veces raros, en las
bibliotecas. En este cuaderno, esa nueva edición, fue inmensamente
útil.
Breve presentación de cada uno de las Escritos
1. Amonestaciones –
Se trata de una colección de 28 textos cortos (sólo la primera
es un poco mayor) que tienen una amplia presencia en los manuscritos medievales.
Una de las Admoniciones fue el primer texto de Francisco citado fuera de la
Orden (1231) por un fraile dominico. Hay que recordar que Francisco acostumbraba
hacer alocuciones a todos los hermanos en los capítulos generales. Algunas de
estas Amonestaciones pueden provenir de esos capítulos, aunque no todas. De los
números 1 a la 13 los temas son variados; de la 14 a la 28 forman lo que se
llaman "bienaventuranzas franciscanas". Probablemente son textos que sólo fueron
dichos por Francisco y que fueron preservados porque alguien tomó nota. Y es
hasta posible que haya sido alguien de fuera de la Orden (se piensa en un
cisterciense secretario del Cardenal Hugolino), porque usa expresiones como
"prelado", "siervo de Dios", etc, que no eran comunes en el medio
franciscano.
Las Amonestaciones son un buen resumen de la propuesta
espiritual de San Francisco.
2. Testamento
Después de la "Regla Bulada", el "Testamento" es el documento
mejor y mas ampliamente documentado de San Francisco. Nadie duda de su
autenticidad. El propio titulo "testamento" precede del texto del Santo. Se sabe
que San Francisco lo dictó en sus últimos días, después de haber discutido
varios puntos con los frailes. El quería que fuese leído siempre después de la
Regla, y eso siempre fue hecho. Pero, desde el inicio, hubo discusiones al
respecto del valor obligatorio de ese documento. Ya Gregorio IX declaró, en
1230, que el "Testamento" no era obligatorio. Pero no hay duda de que el expresa
de manera muy candente el pensamiento del santo sobre su propia vida y la que
Dios le había inspirado para los Frailes Menores.
3. Oid, pobrecillas
Este documento fue encontrado en 1976, después que salió el
libro de Esser, por Fray Juan Boccali, que siguió las indicaciones de dos
clarisas estudiosas y lo localizó en el monasterio de San Fidencio de Novaglie.
Boccali le dio el nombre de "Palabras de Exhortación". Dos años después, publicó
un estudio critico, al cual seguirían otros. Ya se tenía conocimiento de ese
cántico por el "Espejo de Perfección" (90) y más todavía por la "Leyenda
Perugina" (45). San Francisco lo compuso para Santa Clara y sus Hermanas "como
canto" después de haber compuesto el Cántico de las Creaturas.
4. Regla No Bulada
A veces también llamada "Primera Regla", dejándose el nombre de
"Segunda Regla" para la que estamos denominando "Regla Bulada". En verdad, no
fue la primera. Algunos denominan "Proto-Regla" o "Regla Primitiva" a la que fue
aprobada por Inocencio III en 1210. La Regla No Bulada es la versión final que
resultó, en 1221, después que los capítulos generales fueron incluyendo
modificaciones a la Regla Primitiva, a fin de adecuarla a la vida de una
fraternidad que no paraba de crecer. Es el mayor de los Escritos de San
Francisco. El es ciertamente su autor, pero tuvo la amplia colaboración de todos
los frailes reunidos en los capítulos generales. Se trata de un documento vivo,
ardoroso, lleno de oraciones y de citas bíblicas. Es imprescindible para llegar
a conocer el pensamiento de Francisco y el de sus primeros compañeros sobre la
Orden que estaba comenzando .
5. Regla Bulada
Le damos ese nombre porque fue aprobada por la bula "Solet
annuere" de Honorio III (1223). Nunca hubo dudas en cuanto a la autenticidad ni
en cuanto al texto de esta Regla. Son numerosísimos los manuscritos medievales
que la traen, pero no necesitamos de los mismos: tenemos el pergamino original
de la bula, que incluye la Regla, y está guardada en Asís (con muchas fotocopias
modernas distribuidas en nuestros conventos). En los archivos del Vaticano
también queda una copia, con pequeñas diferencias debidas a las fallas de los
amanuenses. Es la "Forma de Vida" que vale desde 1223 para todos los Frailes
Menores y, por eso, es ampliamente conocida por todos los franciscanos, que la
saben de corazón.
6. Regla para los Eremitorios
Ya consta en el códice 338 de Asís y está muy bien representada
en muchos códices. No tenía título. Le fue dado de acuerdo con el contenido.
Debe haber sido escrita entre los años 1217 y 1220. Pero más tarde, como la
Orden dejó de tener eremitorios del tipo considerado en este documento (por
eremitorios entendían pequeños conventitos) los copistas intentaron hacer
correcciones para los que lograban entender. Puede ser considerada un
complemento de la gran Regla. Es un magnifico documento sobre la vida fraterna y
la vida de oración.
7. Forma de Vida a Santa Clara
Sólo tenemos este documento porque Santa Clara lo copió en el
capítulo VI de su Regla. También hizo una referencia a el en su Testamento. Fue
dado por Francisco a poco del comienzo de la fundación de las Hermanas Pobres,
probablemente en 1212 o poco después. Es muy corto, pero puede ser realmente el
meollo de la propuesta de Francisco: las Hermanas debían vivir el Santo
Evangelio integrándose en la vida de la Trinidad. Y Francisco promete cuidar de
ellas como de sus hermanos. Es interesante observar la semejanza entre esa forma
de vida y la antífona a nuestra Señora que hace parte del "Oficio de la
Pasión".
8. Ultima Voluntad a Santa Clara
Este es otro escrito de San Francisco que sólo conocemos porque
Santa Clara lo introdujo en el capitulo VI de su "Regla". Debe haber sido
escrito en los últimos días de vida del Santo, más o memos en la época en que
envió su bendición a Santa Clara. Es una fuerte exhortación a la vida en
pobreza. En 2Cel 204, Celano habla de ese documento.
9. Fragmentos de otra Regla
No Bulada - Ya en 1904, Boehmer hacia notar que había diversas
citaciones de la Regla de San Francisco que eran ciertamente anteriores a la
"Regla Bulada" pero que tampoco constaban exactamente en la "Regla No Bulada".
Francisco colocó algunas después de su presentación de la "Regla No Bulada". En
realidad, son hasta más numerosas. Podemos encontrar estos fragmentos en tres
fuentes: 1. El códice de la catedral de Worchester, 2. En la "Explicación de la
Regla" escrita por Hugo de Digne entre 1245 y 1255 y 3. En la "Vida Segunda" de
Celano.
10. Carta a un Ministro
Es un documento conocido desde fines del siglo XIV, porque
Bartolomé de Pisa hace varias citaciones de él, sin colocar nunca el texto
entero. Wadding presentó, más de una versión, sin dejar nada claro. Fue una
sorpresa cuando los estudiosos comenzaron a encontrar códices que daban la carta
completa. Algunas publicaciones fueron hechas antes de 1900, por Eduardo de
Alençon y Paul Sabatier. No se sabe quien es el ministro que recibió la carta,
pero se acostumbra a datarla con bastante seguridad antes de 1223 e, incluso,
hasta antes de 1221, pero no puede ser muy anterior. Es un bellísimo escrito
sobre la misericordia, que nos hace conocer bien de cerca a San
Francisco.
11. Primera Carta a los Fieles
Fue Paul Sabatier quien publicó por primera vez este Escrito,
en el año 1900. Lo encontró en el códice de Volterra. Le dio el nombre de "Verba
vitae et salutis" (Palabras de vida y de salvación) y dice que se trataba de un
primer esbozo del escrito hoy conocido como "Segunda Carta a los Fieles" (que
todavía no había sido publicada en aquel tiempo). Lemmens y Boehmer aceptaron el
escrito pero dijeron que se trataba de un resumen posterior. Esser consiguió
probar que se trataba realmente de una primera versión, más antigua, de la otra
y le dio el nombre de "Carta a los Fieles" -"primera recensión"-, corrigiendo el
título dado por Sabatier. Esa primera versión, esta muy de acuerdo con lo que
dicen el "Anónimo Perugino" (41) y la "Leyenda de los Tres Compañeros" (60), es
escrita en plural, tanto por los frailes, como por San Francisco. Es un
bellísimo y simple documento que habla de los que hacen y de los que no hacen
penitencia.
En la segunda edición de la obra de Esser, Grau aprovechó
estudios hechos por Pazzelli
y mostró que, de hecho, no se trata de una carta sino de una
"alabanza" a Dios por los que hacen penitencia: los que denominamos Hermanos y
Hermanas de la Penitencia. Y que el título de Sabatier era
correcto.
12. Segunda Carta a los Fieles
Wadding publicó, esta carta dividida en dos, basándose en un
manuscrito. Pero hoy tenemos muchos otros manuscritos, inclusive del siglo XIII,
que transcriben el texto como una única carta. Su autenticidad está aceptada.
Tal vez se pueda situar la primera recensión alrededor de 1212 y la segunda
alrededor de 1222. Bastante más larga, nos hace pensar en una especie de "Regla
Primitiva" de los Frailes Menores que se fue transformando en la "Regla No
Bulada": en la medida en que aumentaba el número de los Hermanos y Hermanas de
la Penitencia y en que las dificultades iban apareciendo, la Carta fue
creciendo. Es fácil percibir como muchos trozos nuevos fueron agregados para
aclarar los errores de los cátaros, que debían influenciar a muchos hermanos. La
división en doce capítulos y los subtítulos ciertamente no son
originales.
13. Primera Carta a los Custodios
Era un escrito completamente desconocido hasta 1902, cuando fue
publicado por Sabatier, que lo encontró en el códice de Volterra. W. Goetz quiso
ver en él una compilación de la "Carta a los Clérigos", de la "Segunda Carta a
los Custodios" y de la "Carta a las Autoridades de los Pueblos". Pero, al
encontrar la "Primera Carta a los Clérigos" en el Misal del Subiaco, constató
que la "Primera Carta a los Custodios" también era auténtica. Fue reconocida en
las ediciones de Lemmens y Boehmer (1904). La "Segunda Carta a los Custodios"
hace una alusión a ella. El tema es sobre la Eucaristía. Parecen evidentes sus
conexiones con la "Sane cum olim" de Honorio III (1219) y también su lenguaje
pre-escolástico. Custodios, en ese tiempo, eran todos los superiores de la Orden
de Frailes Menores.
14. Segunda Carta a los Custodios
Fue bastante discutida pero, hoy en día, su autenticidad es
aceptada. Fue publicada por primera vez por Wadding en 1623. El estaba haciendo
una traducción al latín de una carta que recibiera en español, pero que, a su
vez, había sido traducida del latín, porque se conservaba otrora en Zaragoza un
manuscrito que era venerado como autógrafo. Por eso, tenemos la certeza de que
el texto no es el original. Pero el escrito es fácil de aceptar, tanto por el
estilo de San Francisco, como por el tema y además porque cita la "Carta a los
Clérigos", la "Primera Carta a los Custodios" y la "carta a las Autoridades de
los Pueblos". También se dirige a todos los superiores de la Orden y también
habla de la Eucaristía. Se puede demostrar que es una segunda versión, un tanto
modificada, de la primera.
15. Primera Carta a los Clérigos
Ya recordamos que el códice b24 (llamado por Esser RV2)
contiene la "Primera Carta a los Clérigos" copiada de un misal benedictino. Es
el texto más antiguo que poseemos (entre 1219 y 1238) aparte de los autógrafos.
Esta carta es uno de los escritos de San Francisco estudiados más a fondo. Tiene
una base en los relatos de la LP 18 y del EP 56 (San Francisco andaba con una
escoba para limpiar las iglesias, hablaba con los clérigos) y en su amor a la
Eucaristía, documentado también en el "Testamento", en la "Admonición 1", etc.
Algunos estudiosos sólo llevan en consideración esta primera carta, eliminando
la segunda, pues sostienen que tiene muy pocas diferencias. (Esto ya cambia el
modo de contar los escritos).
16. Segunda Carta a los Clérigos
Kajetan Esser distingue la primera recensión (la del misal
benedictino), de la segunda, que está en casi todos los otros manuscritos.
Considera que las diferencias son pocas pero importantes. Propone la hipótesis
que la primera data del período entre el Concilio de Letrán y el viaje de
Francisco a Egipto (1215-1219), y que la segunda sea posterior a 1220, cuando el
Papa Honorio III publicó su carta "Sane cum olim"; Francisco habría reformar un
poco su primera carta incluyendo algunas de las expresiones del
Papa.
17. Carta a toda la Orden
En la edición de Wadding (1623) esta carta está dividida en
tres partes y en tres capítulos. Por eso, en las ediciones de 1904, todavía
aparece con el nombre de "Carta al Capítulo General". Entonces se decía que era
"a todos los frailes". Pero este es el escrito más documentado de todos los
Escritos de San Francisco, después de la "regla Bulada" y del "Testamento".
Esser la libró de todas las dudas y le dio el nombre de "Carta a toda la Orden",
autorizado por algunos manuscritos. Es el texto más bien escrito de San
Francisco, de un muy buen latín, lo que muestra que los secretarios deben haber
ayudado bastante. Es un precioso documento sobre la Eucaristía.
18. Carta a las Autoridades de los Pueblos
No fue encontrado ningún códice medieval para esta carta. La
única fuente es una copia que, según la tradición, fue llevada a Zaragoza por
Fray Juan Parenti, cuando fue ministro provincial de España en tiempo de San
Francisco. Sin embargo se la acepta como auténtica. Tiene que ser entendida en
el conjunto de otras circulares que Francisco escribió, cuando volvió de Egipto,
entre 1220 y 1224. El estaba muy enfermo y casi ciego. Sabiendo que ya no podía
hacer más peregrinaciones a todas partes, decidió comenzar un apostolado nuevo,
por escrito. Impresionado por los muecines musulmanes que invitaban al pueblo
cinco veces al día para el "shalat", Francisco solicita a los gobernantes que se
hagan patrocinadores de las alabanzas a Dios mediante un anuncio vespertino.
Podía estar pensando incluso en una señal ecuménica que uniera a cristianos y
musulmanes.
19. Carta a Fray León
Está conservada en la catedral de Espoleto, en un pergamino
autógrafo. No hay manuscrito que la haya copiado. La primera copia conocida es
de 1604, cuando llevaron el pergamino para compararlo con el "Billete a Fray
León", que contiene la "Bendición a Fray León" y las "alabanzas al Dios
Altísimo". Wadding la copió en 1623. No hay duda en cuanto a su autenticidad: es
bien el estilo de San Francisco, con un lenguaje bastante incorrecto. Pero habla
al corazón, "como una madre". Parece que, durante siglos, dicho texto fue usado
como reliquia, para dar bendiciones. En 1860, cuando fue suprimido el convento
de los conventuales en Espoleto, pasó a la catedral. Un párroco en 1895 quería
venderla a los estadounidenses. Falloci Pulignani presentó el asunto al Papa
León XIII que dio una pensión anual de 200 liras al párroco para que el Vaticano
se quedara con la reliquia. Después la entregó, de nuevo a la catedral de
Espoleto.
20. Carta a San Antonio
La autenticidad de esta carta sólo comenzó a ser discutida
después que Sabatier insistió, en que San Francisco se oponía a los estudios. En
general el texto aparece en pergaminos independientes o en las vidas de San
Antonio, no en colecciones. Después de las ediciones de 1904 fueron encontrados
muchos pergaminos. Es interesante leer 2Cel 163, donde se habla de esa carta, y
también la Adm.7, que habla de los estudios. La carta cita la RB, por lo que
tiene que ser posterior a 1223. Pero no puede ser posterior a 1224/5, cuando San
Antonio viajó a Francia. El debe haber pedido antes el escrito a San
Francisco.
21. Oración ante el Crucifijo de San Damián
En general aparece suelta en los manuscritos, siendo más común
en los ligados a la colección de Avignon. Casi siempre se dice que Francisco
rezó esa oración cuando el Crucificado le pidió, que reparara su casa. Es
conocido el texto italiano como original. Algunos quisieran poner en duda su
autenticidad, preguntando cuando San Francisco habría compuesto el escrito. Hoy
se piensa, en general, que él ya estaba haciendo esa oración en el tiempo
anterior a San Damián: y fue la respuesta espontánea que le vine a los labios al
oír a Jesús. Es interesante que Fray Marcos de Lisboa ya presenta una traducción
en portugués en 1556 y hasta dice que el Crucifijo habló después que Francisco
rezó la oración.
22. Exhortación a la Alabanza de Dios
Esta oración de San Francisco no estaba ni en los
"Opúsculos" de Wadding (1623) ni entró en las ediciones críticas de
Lemnens y Boehmer (1904). Pero fue aceptada por Esser (1976). El propio Wadding
la incluyó en sus "Annales Minorum" (1625), diciendo que copiaba una Información
de Fray Mariano de Florencia. También fue encontrada en un manuscrito del siglo
XV que da un testimonio paralelo y muy interesante: la exhortación fue escrita
por lo propio Francisco en una tabla que servía de piso del altar en uno de sus
eremitorios. El mandó pintar algunas creaturas en la tabla y después escribió el
texto. Más tarde tiraron la tabla y la expusieron como un cuadro. Fray Mariano
la vio y copió. La otra copia (códice N7) también fue hecha así.
23. Alabanzas para todas las Horas
No hay duda en cuanto a la autenticidad de estas alabanzas que
San Francisco rezaba antes de las horas canónicas; están en muchos manuscritos.
La oración final es ciertamente original de él. Las otras alabanzas, como son
hechos con textos litúrgicos bien conocidos, en general, no fueron copiados por
entero en los manuscritos. Todo mundo las sabía de memoria y los copistas muchas
veces se limitaban a dar las palabras iniciales. Por eso es difícil reconstruir
con seguridad el texto original.
24. Oficio de la Pasión
Es una preciosa colección de quince Salmos y una antífona de
Nuestra Señora que San Francisco compuso para celebrar todos los días,
paralelamente al Oficio Divino, el misterio de Jesucristo. Trece Salmos son
elaboración de él mismo, usando principalmente trozos de Salmos bíblicos. Ese
"Oficio" no está contenido en muchos pergaminos medievales, pero no hay dudas en
cuanto a su autenticidad. Los pergaminos no le daban título. Wadding inventó eso
de "Oficio de la Pasión del Señor", que fue aceptado por Lemmens y Boehmer. En
realidad, San Francisco celebra también la Pascua y todo el misterio de Jesús.
Algunos autores consideraban que era un texto sin importancia, porque estaba
hecho de retazos de Salmos conocidos. Pero justamente ahí reside su importancia:
en la selección hecha por el Santo. La "Leyenda de Santa Clara" (30) dice que
ella "aprendió el 'Oficio de la Cruz' hecho por San Francisco y lo recitaba con
igual afecto". Es uno de los mejores escritos para demostrar la identificación
de Francisco con Jesucristo.
25. Paráfrasis del Padre nuestro
Hubo muchas discusiones al respecto de este escrito. Se decía
que, en aquel tiempo, eran muy comunes esas paráfrasis sobre el Padre nuestro,
que además eran conocidas desde Orígenes y otros santos Padres. En realidad,
todavía no ha sido descubierto ningún texto de otros autores realmente parecido
con este de Francisco. No es una exposición sobre el Padre nuestro, es una
oración ampliada, en que él va agregando todo lo que tiene en el corazón.
Tampoco hace parte de las "Alabanzas para todas las Horas", como algunos
afirmaban y que Esser desmintió definitivamente.
26. Bendición a Fray León
Este texto y el siguiente están en los dos lados de un
pergamino de unos 10 x 14 cms. con la letra original del Santo. El pergamino
está guardado en un relicario, en la basílica de Asís, por lo menos desde 1338.
Después del "Cántico de las Creaturas", fueron los escritos que más merecieran
estudios de los especialistas. Es interesante leer 2Cel. 49 (y el paralelo LM
9,9) para conocer su historia. La bendición, muy conocida, es una adaptación de
Núm. 6,24-26.
27. Alabanzas al Dios Altísimo escritas para el hermano León
El texto autógrafo (en el billete a Fray León) está un poco
desdibujado por el uso, pero lo que en el no se puede leer completamente se
completa por la amplia tradición de los manuscritos medievales. Es una de las
expresiones más bonitas y arrebatadas de las oraciones de alabanza de San
Francisco y de su amor al Dios trinidad.
28. Saludo a la bienaventurada Virgen María
Las Fuentes, desde 2Cel. 198 y EP 55 hablan de la gran devoción
de San Francisco por Nuestra Señora. Este "saludo", que tal vez sería mejor
llamar "lauda" no consta en los pergaminos del siglo XIII, sin embargo es
abundantemente testificado a partir del siglo XIV. Pero nunca nadie puso en duda
su autenticidad. La idea que Nuestra Señora es una "Virgen hecha Iglesia" se
basa en la teología patrística, que alimentaba la liturgia conocida y vivida por
San Francisco. Muchos manuscritos escribieron "Virgen perpetua", pero el
pensamiento de la lauda está construido sobre el de "Virgen hecha
Iglesia".
29. Saludo a las Virtudes
La primera referencia a este escrito está en 2Cel. 189, donde
recibe el nombre de "Loores sobre las virtudes". Pero su presencia es abundante
en los códices medievales y no hay ninguna duda de su autenticidad. Es típico de
Francisco llamar a las virtudes hermanas o señoras y más típico aún es su uso de
las palabras cuerpo, carne, espíritu y mundo. Varios manuscritos relacionan este
escrito con el "Saludo a la Virgen María", hablando de las "virtudes con que fue
adornada la Santa Virgen y con las que debe ser adornada el
alma".
30. Cántico de las creaturas
Este cántico ampliamente conocido hoy en día, es ciertamente
una de las obras más estudiadas de San Francisco, y no hay ninguna duda de su
autenticidad. Ya hay referencias preciosas en 1Cel. 80, en 2Cel. 165, en LM 8.6.
En el "Espejo de Perfección" es interesante leer desde el Nº 115 hasta el Nº
120, pues da el texto. Pero el mejor texto es el del Cód. 338 de Asís. Ya en el
siglo XIV muchos pergaminos daban el texto completo, independientemente de otros
escritos.
31. Bendición a fray Bernardo
Una bendición dada por San Francisco, en su lecho de muerte, a
su primer fraile, Bernardo de Quintavale. El episodio es muy conocido,
especialmente por la "leyenda Perugina" 107-8 y EP 107, pero también es bueno
ver 2Cel. 48.
32. Bendición a Santa Clara
El episodio es conocido en casi todas las fuentes que hablan de
la bendición a Fray Bernardo. Viene inmediatamente después. El mejor texto está
en EP 108. No se debe confundir esta bendición con las "palabras de exhortación"
o con el "Oíd, pobrecillas", ni con la "Ultima voluntad a Santa
Clara".
33. Testamento de Siena
Encontramos el episodio y el tema del Testamento en el EP 87 y
en la LP 17. Varias otras fuentes del siglo XIV hablan de ello. Los estudiosos
lo aceptan como auténtico porque nadie presentaría otro testamento de San
Francisco sin una base histórica que fuese segura, una vez que el gran
testamento ya era tan discutido.
El texto más seguro es el de la "Leyenda Perugina"
17.
34. Dictado de la Perfecta alegría
Conocido en el cap. 8 de las "Florecillas": basado en el cap. 7
de los "actus". Los dos están ciertamente arreglados. Wadding publicó un texto
más antiguo. Después, fue encontrado en el pergamino conocido como cod FN, una
versión más ruda, que es aceptada como más antigua. Sabatier la defendió. Es
interesante leer 2Cel. 125 y la Adm. 5 para confrontar.
35. Carta a Fray Jacoba
Está en 3Cel. 37. Su autenticidad siempre fue aceptada y
tenemos el relato en la "Leyenda de Perusa" 101 y en el "Espejo de Perfección
112. Los "Actus" llegan a dar todo el texto, pero es evidentemente una
elaboración posterior. Nos quedamos con Celano.
36. Carta a los Boloñeses
Sólo está en la "Crónica" de Tomás de Eccleston, que cita un
relato de Fray Martín de Barton: San Francisco escribió una carta, en mal latín,
a los boloñeses prediciendo un terremoto. El asunto es tenido como
auténtico.
37. Carta a los Frailes Franceses
También sólo es testimoniada por la "Crónica" de Tomás de
Eccleston. Francisco escribe a los ministros a los frailes de Francia,
exhortándolos a alabar a la Santísima trinidad.
38. Normas sobre el ayuno a Santa Clara
Se sabe de este escrito porque Santa Clara habla de él en su
3CtIn. Se refiere a un escrito y a consejos y mandamientos del Santo. Parece que
estaba todo en un único pergamino. No tenemos el texto. "Antes que tu nacieras, te consagré y te destiné a ser profeta de las naciones"